He descubierto un sitio, en esta Manrusia invernal, donde poder tomar un café sin adquirir un olor propio del más cutre de los frankfurts del mundo y en el que no suelo encontrarme a nadie que conozca - y esto último, aunque parezca mentira, aquí eso es todo un lujo!
Intento escaparme una hora a la semana a tomarme allí un café con una de mis personas favoritas. Me gusta llegar pronto, antes de la hora en la que hemos quedado, sentarme en los sillones del fondo - marrón chocolate para mí, crema para él - y disfrutar de mi soledad mientras ojeo una revista. Hoy he llegado particularmente pronto y nuestra zona de sofás no estaba tan libre como de costumbre, así que he colocado nuestros sillones tan alejados de un grupo como he podido y me he sentado a esperar.
No soy de escuchar conversaciones ajenas, o sí que lo soy pero no doy muestras evidentes de ello, pero con la cercanía de hoy me ha sido imposible.
El grupo de mi lado hablaba de dietas, controles médicos, análisis, compatibilidades alimentarias, disasociación de alimentos, alimentos prohibidos por empezar con ciertas vocales, frutas prohibidas por contener elevados tantos por ciento de azúcares y, aquí viene la buena, pollo prohibido "porque notaba que, con tantas hormonas que le inyectan a los pollos, se me estaba empezando a caer el pecho" - quien lo ha dicho tenía barba.
Imposible la discreción en ese momento, imposible retener la carcajada - si hasta he tenido que girarme a verle la cara! Aún me estaba riendo cuando mi compañero de cafés ha llegado, y se lo he contado pero a él no le ha hecho gracia, debe estar agobiado con sus problemas y estos no le dejan divertirse.
Intento escaparme una hora a la semana a tomarme allí un café con una de mis personas favoritas. Me gusta llegar pronto, antes de la hora en la que hemos quedado, sentarme en los sillones del fondo - marrón chocolate para mí, crema para él - y disfrutar de mi soledad mientras ojeo una revista. Hoy he llegado particularmente pronto y nuestra zona de sofás no estaba tan libre como de costumbre, así que he colocado nuestros sillones tan alejados de un grupo como he podido y me he sentado a esperar.
No soy de escuchar conversaciones ajenas, o sí que lo soy pero no doy muestras evidentes de ello, pero con la cercanía de hoy me ha sido imposible.
El grupo de mi lado hablaba de dietas, controles médicos, análisis, compatibilidades alimentarias, disasociación de alimentos, alimentos prohibidos por empezar con ciertas vocales, frutas prohibidas por contener elevados tantos por ciento de azúcares y, aquí viene la buena, pollo prohibido "porque notaba que, con tantas hormonas que le inyectan a los pollos, se me estaba empezando a caer el pecho" - quien lo ha dicho tenía barba.
Imposible la discreción en ese momento, imposible retener la carcajada - si hasta he tenido que girarme a verle la cara! Aún me estaba riendo cuando mi compañero de cafés ha llegado, y se lo he contado pero a él no le ha hecho gracia, debe estar agobiado con sus problemas y estos no le dejan divertirse.
Se lo contaré a Edu mientras caminamos el jueves, seguro que él se ríe tanto como yo.