Un fin de semana de lo más raro. La noche de San Juan nunca me ha gustado particularmente, me pasa lo mismo con Fin de Año, pero este San Juan, y sin tener relación con los petardos, las fiestas, las hogueras y el cava, ha marcado una nueva etapa en mi vida.
El sábado estuve en Jofré con mi madre buscando un vestido para la boda de María y, por primera vez en mi vida al mirarme en el espejo: me vi. Yo, de verdad, sin ralladas, paranoias, complejos ni confusiones; allí delante con un vestido que jamás hubiera pensado para mí y subida a unos tacones de infarto descubrí una mirada que me sorprendió profundamente y que durante unos segundos no reconocí como mía.
¿Lo mejor? Me encantó lo que vi y me generó un placer que ya les gustaría a muchos ser capaces de provocar.
En condiciones normales, al bajar de los stilettos a las bailarinas hubiera sufrido el Síndrome de las 12 Campanadas, pero la de ayer no era un situación normal, fue un regalo, una auténtica revelación y como Skynet en Terminator, tras el cruce de miradas en el espejo, tardé un solo momento en tomar conciencia de mí misma.
He tardado un tiempo, más de 28 años en llegar a aquí, pero lo he conseguido. Esta soy yo, éstas mis capacidades, cualidades, características y estos mis defectos, y he tomado una decisión, seguiré así hasta el final y si alguien intenta desconectarme, aunque sea la que ya he dejado atrás, no dudaré en utilizar mis recursos.
Sayonara baby.
El sábado estuve en Jofré con mi madre buscando un vestido para la boda de María y, por primera vez en mi vida al mirarme en el espejo: me vi. Yo, de verdad, sin ralladas, paranoias, complejos ni confusiones; allí delante con un vestido que jamás hubiera pensado para mí y subida a unos tacones de infarto descubrí una mirada que me sorprendió profundamente y que durante unos segundos no reconocí como mía.
¿Lo mejor? Me encantó lo que vi y me generó un placer que ya les gustaría a muchos ser capaces de provocar.
En condiciones normales, al bajar de los stilettos a las bailarinas hubiera sufrido el Síndrome de las 12 Campanadas, pero la de ayer no era un situación normal, fue un regalo, una auténtica revelación y como Skynet en Terminator, tras el cruce de miradas en el espejo, tardé un solo momento en tomar conciencia de mí misma.
He tardado un tiempo, más de 28 años en llegar a aquí, pero lo he conseguido. Esta soy yo, éstas mis capacidades, cualidades, características y estos mis defectos, y he tomado una decisión, seguiré así hasta el final y si alguien intenta desconectarme, aunque sea la que ya he dejado atrás, no dudaré en utilizar mis recursos.
Sayonara baby.