Thursday, 22 September 2011

Cumpleanys sona raro :)

Def. 
Un número primo es un número natural mayor que 1, que tiene únicamente dos divisores distintos: él mismo y el 1. 

Y así me planto yo en los 33. Qué año éste...

Me he despertado en modo Beatles, será la edad? Y mientras los escucho sentada en una silla que no es la mía, pero en la que me siento como en casa, echo la vista atrás y repaso las fotografías mentales de los últimos meses, sonrío. 

Cambié de ciudad, me moría de miedo, llamé a Meri desde Bilbao dos días antes de irme y rompí a llorar mientras hablaba con ella porque no me quería ir, no quería romper con los lazos que me ataban a la ciudad condal, pero me fui y fue la mejor decisión que he tomado en los últimos años. Ahora lo sé.

Cambié de trabajo, qué digo de trabajo, antes trabajaba, ahora vivo mi pasión, aprendo cada día y me pagan por ello, con lo que definitivamente no se puede ser más afortunada al respecto. Encontré, o me encontraron no sé bien, unas personas fantásticas a las que reconozco bajo el hashtag #tecerianos que confiaron en mí y me ofrecieron una oportunidad única por la que siempre les voy a estar agradecida. No han pasado 3 meses desde ese momento y los siento en mi piel, son parte de mi vida, son familia y me llena de orgullo formar parte de ese equipo. 

Cambié de vida, rompí con lo que aquí me ataba, solté amarras con lágrimas en los ojos y puse rumbo a no sé dónde, pero salí al mar. Y volví fortalecida a un puerto que conozco bien y en el que me siento segura a pesar del miedo que a veces hace acto de presencia. Frustración o Fracaso? 

A pesar de los cambios, que todos han sumado en mi vida, hay cosas que nunca podrán cambiar y es que los míos, mi familia que no es sólo de sangre y lo sabéis bien los que ahí estáis, sigue conmigo y su amor me envuelve ahora que estoy en Barcelona, y cada día, cuando estoy lejos. 

Y hoy, desde casa, desde la ciudad que me vio nacer hace 33 años, echo la vista atrás, miro a los seres peludos que me observan mientras tecleo, y sonrío. 

pues que vivan los cambios 
#33


Monday, 12 September 2011

Tuesday, 28 June 2011

Diferentes tipos de memoria

Hace unos días, puede que algunas semanas, vi una campaña online con un copy que me encantó. Decía algo así:

"Cada vez que duermes, tu mente deshecha aquello que no considera digno de ser conservado. El 99% de tu vida nunca habrá sucedido.
Sin embargo, cuando algo te acelera el pulso y hace que te frotes los ojos, tu cerebro comprende su enorme valor. Es consciente de que ha asistido a una experiencia única. Y la atesora para siempre como un recuerdo. 
Nuestra naturaleza se niega a que esos momentos sean sólo momentos. Tal vez ésa sea la razón por la que recordamos. Para poder vivirlos de nuevo"

Se me acelera el pulso con facilidad, debe ser culpa de la intensidad con la que vivo mi vida y siento mis emociones, me rasco los ojos a menudo y duermo poco, suficientemente poco como para que mi mente no tenga tiempo de eliminar cosas que ella, unilateralmente, considera indignas de conservar, y recuerdo muchas cosas, muchísimas.

Pero muchas de ellas no quiero revivirlas. Si las tengo que revivir es porque se quedaron en el pasado y no hemos seguido caminos paralelos que nos hayan llevado a un presente común en el que no existe la necesidad de revivirlas. Aquí, en este presente, reside el lujo de poder vivir cosas nuevas que alimentan las ya vividas, de seguir sumando, de crecer con los que estaban y sumar con los que han llegado, de aprender, de equivocarte, de caer y volverte a levantar una vez más, de seguir sintiendo el Sol sobre la piel, aunque a veces nos queme, de creer, de respirar, de sentir, de compartir, de VIVIR, de no tener miedo, de sentir que el 99% de mi vida, sí que ha existido.

Me gusta rascarme los ojos, pero mi cerebro no necesita esa señal para comprender el enorme valor de algunos momentos. Creo que en mi caso, esos momentos únicos los gestiona mi corazón, los siente mi piel y sobre ella se quedan marcadas como señales del tiempo.

#intensidad

Monday, 23 May 2011

Jornada de reflexión

Soy persona de música, de canciones, de recuerdos, de momentos felices vividos, llorados con pesar o compartidos con personas que te importan y que siempre, en mi imaginario, quedan vinculados a una canción. Los Hombres G "no soportan a las niñas que todas las canciones les recuerdan algo", pero teniendo en cuenta que, en mi caso, no son todas las canciones, que a los 32 lo de ser una niña ha quedado ya algo alejado, y que soy muy fan desde hace muchos años, espero no me lo tengan en cuenta. 

Hay una canción de Aute que está presente en mi vida desde ni me acuerdo....sé que la descubrí un domingo de sol en un coche, sé que era una jovencita que aún no podía votar, sé que estaba Joel a mi lado y que la oimos 800 veces con la emoción a flor de piel. El sol se fue, yo crecí, el domingo dio paso a muchos otros domingos y nuestras vidas siguieron caminos diferentes, pero Sin tu latido, se quedó conmigo para siempre. 

Después de un fin de semana tan maravilloso, el sábado, como terrible, el domingo, tan lleno de risas, de incomprensión, de alegría, de dolor, de cariño, de lágrimas, de amor y de miedo, he llegado a una lección que aprendí de Aute hace muchos años, y no, no es que no pueda vivir sin tu latido, que puedo aunque no sé si quiero, es que, como dice la última frase de la canción "lo que me pasa es que este mundo no lo entiendo".

No entiendo los ritmos, los escenarios, los miedos que paralizan vidas, los bloqueos, el pudor emocional y la falta de pudor físico, el no sabemos lo que somos ni sabemos lo que queremos, el pánico a las etiquetas que sólo existen en las revistas y poco tienen que ver con la vida real, el te quiero pero sin dejarme llevar, las apariencias, la necesidad autoimpuesta de ser aparentemente fuertes y sobreactuadamente seguros, el miedo a sentir, el miedo a fracasar, el miedo a vivir, el miedo a amar y dejar que te amen, el puto miedo que es nuestro peor enemigo y juega a nosotros con trampas de las que siempre sale vencedor. No lo entiendo. 

Hoy estoy de listas. No sé cómo enlazar tantas cosas en una frase.

  Y creo que si supiera, serían nuevos malentendidos

Monday, 11 April 2011

Trotando y rodando

Correr es una de esas cosas que hacía y dejé de hacer. Podría argumentar mil razones, y siendo como soy me las creería todas, pero la realidad es que estoy convencida que cuando una persona deja de hacer algo es porque así lo decide, y atribuirlo a causas externas me suena a escurrir el bulto y/o a buscar excusas de mal pagador. I això si que no.

Yo corría. Y dejé de correr. 
Yo corría. Y ayer volví a correr.

Y no podía hacerlo como las personas normales (sea la normalidad lo que quiera ser), no, yo tenía que volver a correr en una carrera, que condiciona absolutamente tu ritmo; por la calle, cuando siempre he corrido en cinta; al sol, cuando en el DIR hay aire acondicionado y sombra; con desnivel, cuando en máquina todo es bien llano; habiendo gintoniqueado hasta las tantas la noche anterior, cuando sé que metabolizo fatal el alcohol; y con amigos más en forma que yo, cuando estar en mejor forma que yo roza el ridículo de la dificultad. Pero así soy yo, ayer era la Cursa del Bombers y quién dijo miedo? 

Amaneció un domingo radiante, desayuné como y cuando tocaba y a las 9, nerviosa y emocionada, no sé si por la falta de descanso, la repentina consciencia de mi inconsciencia o por ver tanta camiseta amarillo fosforito muy chillón a mi alrededor, estaba como un clavo en Arc de Triomf.

Decir que la acabé dentro del tiempo marcado me hace sentir francamente orgullosa de mí misma, pero en esta vida hay que ser justo y coherente, y confieso que en el kilómetro 4.5 yo iba a abandonar. Había forzado mi trote, había perdido a las personas que corrían conmigo y no me veía capaz de enfrentarme a los 6 kilómetros y medio que tenía por delante.

Mientras pensaba en buscar el momento en el que salir del circuito de forma discreta y sin llamar la atención de las asistencias, oí a un grupo que trotaba detrás, gritar mi nombre. Girarme y ver a mis amigos de Lleida, unos espartanos que corren largas distancias en tiempos impresionantes, allí detrás, me dio aliento para seguir con ellos, o mejor dicho, ellos conmigo, y durante más de 6 kilómetros, Sergi, Pauli, Joan y Cristina, trotaron a mi lado, me empujaron cuando paraba, me dieron agua cuando no podía más y con sus gritos, bromas y cariño, no me dejaron sola ni un momento, sin importarles sus tiempos.

No tengo palabras para describir lo que significó para mí reencontrarme a Oriol y Carlos en el 7, a los que había perdido en el 4.5, encontrar a Alex y poder abrazarnos en el 8 o ver que Núria, en jeans y lesionada!, se unía a trotar a mi lado del 9 al 10. No es que no las tenga, es que no hay palabras.

Cruzar la meta, abrazarnos sin importar el dolor, el sudor y lo mal que lo habíamos pasado y sentir dentro de mí que, en palabras de Oriol "En dies com avui te n'adones que el món no gira sol, el fa girar un munt de bona gent".  

I que segueixi girant, si us plau