Llevo unas semanas en Madrid, en un sube y baja sinfín de ave y maletas que me hacen despertarme por las noches alargando mi mano hacia el otro lado de la cama, sin saber en que habitación estoy, ni donde queda el cuarto de baño. En este trajín loco de vida profesional, recién estrenada y muy satisfactoria, los domingos se han convertido en el día de empaquetar las cosas para el resto de la semana.
No soy fácil ni rápida haciendo maletas, nunca sé los por si acasos que me van a surgir, el tiempo que va a hacer, las reuniones que voy a tener o los saraos a los que María me va a invitar, con lo que domingo sí, domingo también, cargo infinidad de pantalones, faldas, camisetas y, cómo no!, zapatos.
Ayer, como domingo que era, no fue una excepción. Planté la maleta encima de la cama y empecé la rutina de ir metiendo dentro los conjunts de trabajar ensayados, como les llama Blanca, y los zapatos. Abrí el último armario, el más bajito, en el que se alinean ordenadamente mis tesoros, y había algo diferente que, a pesar de saber que estaban allí, hizo que se me acelerara el corazón al verlo.
Hace un tiempo tuve miedo y dudé de mi capacidad para tirar adelante el proyecto, se me juntaban demasiadas cosas que tenía que asimilar demasiado rápido y la experiencia en estas cuestiones no estaba de mi lado.
Hace unos meses esos zapatos no estaban allí, yo no era la misma persona y no respiraba la piel y el olor que hoy me alimentan y respiro.
No soy fácil ni rápida haciendo maletas, nunca sé los por si acasos que me van a surgir, el tiempo que va a hacer, las reuniones que voy a tener o los saraos a los que María me va a invitar, con lo que domingo sí, domingo también, cargo infinidad de pantalones, faldas, camisetas y, cómo no!, zapatos.
Ayer, como domingo que era, no fue una excepción. Planté la maleta encima de la cama y empecé la rutina de ir metiendo dentro los conjunts de trabajar ensayados, como les llama Blanca, y los zapatos. Abrí el último armario, el más bajito, en el que se alinean ordenadamente mis tesoros, y había algo diferente que, a pesar de saber que estaban allí, hizo que se me acelerara el corazón al verlo.
Hace un tiempo tuve miedo y dudé de mi capacidad para tirar adelante el proyecto, se me juntaban demasiadas cosas que tenía que asimilar demasiado rápido y la experiencia en estas cuestiones no estaba de mi lado.
Hace unos meses esos zapatos no estaban allí, yo no era la misma persona y no respiraba la piel y el olor que hoy me alimentan y respiro.
esto es un trailer, el miércoles el estreno.