Tengo una extraña relación con esos días en los que supuestamente tienes que ser feliz porque sí, ya sea Navidad, tu Cumpleaños o San Valentín, la sensación que me generan es siempre la misma, un rollo amor y odio la mar de extraño que ni yo misma sé como digerir.
Por un lado los happy days me encantan, soy una persona optimista que intenta cada mañana levantarse cargada de energía positiva, así que esos días me ayudan a mejorar mi estado de ánimo porque veo que la gente sonríe, se abrazan, son felices y me encanta la sensación de felicidad que flota en el ambiente, de alguna manera me carga las pilas. Pero como buena Virgo que también soy, no puedo disfrutar del momento al máximo porque, cómo no!, me paso los días previos esperando con el ansia que me caracteriza a que llegue el happy day en cuestión y generando al mismo tiempo unas Great Expectations que, como en la novela de Dickens, son complicadas de satisfacer.
Esperas que sea un día genial en el que todo irá bien, porque al fin y al cabo es Navidad o es San Valentín! Y crees que ese día no te atacarán los fantasmas de tu mente ni los malos rollos de la vida, pero, sorpresa....Ahí están! como cualquier otro día del año. La rueda de tu coche no entiende de Navidades y se pincha, tu jefe entiende poco de tu Cumpleaños y te pincha y el mastín de turno que pasea por la calle poco entiende de San Valentín cuando muerde al perro de tu marido y lo deja malherido desangrándose en el suelo.
Por suerte ya ha pasado y hoy, porque es 15 de Febrero y no existe ninguna razón por la que forzosamente tenga que ser feliz, respiro más aliviada y me permito disfrutar del dolor que me causa saber que Eku ha muerto sin tener que disfrazar mi estado de ánimo, porque hoy sólo es 15 de Febrero y nadie me lo tendrá en cuenta.
Por un lado los happy days me encantan, soy una persona optimista que intenta cada mañana levantarse cargada de energía positiva, así que esos días me ayudan a mejorar mi estado de ánimo porque veo que la gente sonríe, se abrazan, son felices y me encanta la sensación de felicidad que flota en el ambiente, de alguna manera me carga las pilas. Pero como buena Virgo que también soy, no puedo disfrutar del momento al máximo porque, cómo no!, me paso los días previos esperando con el ansia que me caracteriza a que llegue el happy day en cuestión y generando al mismo tiempo unas Great Expectations que, como en la novela de Dickens, son complicadas de satisfacer.
Esperas que sea un día genial en el que todo irá bien, porque al fin y al cabo es Navidad o es San Valentín! Y crees que ese día no te atacarán los fantasmas de tu mente ni los malos rollos de la vida, pero, sorpresa....Ahí están! como cualquier otro día del año. La rueda de tu coche no entiende de Navidades y se pincha, tu jefe entiende poco de tu Cumpleaños y te pincha y el mastín de turno que pasea por la calle poco entiende de San Valentín cuando muerde al perro de tu marido y lo deja malherido desangrándose en el suelo.
Por suerte ya ha pasado y hoy, porque es 15 de Febrero y no existe ninguna razón por la que forzosamente tenga que ser feliz, respiro más aliviada y me permito disfrutar del dolor que me causa saber que Eku ha muerto sin tener que disfrazar mi estado de ánimo, porque hoy sólo es 15 de Febrero y nadie me lo tendrá en cuenta.
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