Wednesday, 30 July 2008

El hombre del saco

Siempre fui una niña miedosa, las historias de espíritus en el colegio y Twin Peaks arraigaron fuerte en mi cabeza, y cualquier ruido no identificado, la oscuridad absoluta, levantarme de la cama y bajar a beber agua o salir al lateral del jardín de noche, eran situaciones que me ponían fácilmente los pelos de punta.

Te vas haciendo mayor y otros miedos se instalan junto a los conocidos y entonces, la posibilidad de perder a un ser querido o de no controlar las circunstancias que rodean tu vida, generan la misma reacción en tu piel.

El día que miré dentro del armario y vi que sólo había un zapato, dudé de mi capacidad para tirar adelante el proyecto, se me juntaban demasiadas cosas que tenía que asimilar demasiado rápido y la experiencia en estas cuestiones no estaba de mi lado.

Poco a poco los ruidos del parquet por la noche se convirtieron en nuevos conocidos, que aún a veces me siguen asustando, jardín yo no tengo, así que no había lateral del que preocuparse, y la oscuridad me incomoda, pero la tele en mi cuarto me ayuda con eso. Esos miedos, los físicos, estaban superados, con pequeñas excepciones, a los pocos meses.

Cuando estos desaparecieron, o por lo menos dejaron de tener un papel protagonista, los otros, esos que tienen las personas mayores, se hicieron aún más visibles. Llegar a fin de mes cumpliendo con todas las responsabilidades que implica, superar la sensación de paredes que se te echan sobre la espalda los domingos por la tarde, mantener una estabilidad vital sin permitir que las riendas las tome el caballo, que es la situación, y agarrarlas fuerte, como un buen jinete y, una de las peores, mirar hacia delante y ver a lo lejos la remota posibilidad de volver a navegar.

Tu barco es tuyo, estás en él con tu zapato, tus horarios, tus explicaciones, tu vida, tu tiempo, tus miedos y tus excusas. Tan sólo pensar en salir a navegar te paraliza, me paraliza, y no sé como superarlo, ni como enfrentarme a ello.

Probablemente pase mucho tiempo hasta que consiga avanzar y poner un pie firme en la pasarela, sin que pase por mi mente la posibilidad de acabar ahogándome en las sucias aguas del puerto, probablemente los primeros viajes serán un desastre y ni siquiera las biodraminas me salvarán de las nauseas y los mareos, probablemente caiga al agua en más de una ocasión, aunque espero llevar un buen salvavidas atado a mi cintura en ese momento, probablemente mis velas no vuelvan a desplegarse, probablemente..., quién sabe.

Esta mañana me he despertado valiente, he cogido al gran miedo por la camisa y lo he mirado a los ojos - ahora somos conscientes de que existimos, conocemos la expresión de la mirada del otro y sabemos, y eso es lo que marca la diferencia, que sólo puede quedar uno.

el reconocimiento es una victoria,
llevo ventaja.

8 comments:

Rita said...

M'ha agradat molt aquest post. M'hi he vist reflexada en algunes etapes de la meva vida.
Fa temps que et llegeixo, però crec que mai t'havia comentat.
Bones vacances!

marta said...

Moltes gràcies per la visita, Rita, i pel comentari.
Bones vacances per a tu també!

Anonymous said...

Pienso que es muy importante haber mirado al miedo a los ojos, pero no creo que sólo pueda quedar uno. Creo que tienes que aprender a convivir con él.

marta said...

Gran reflexión B,

Seguro que se quedará ahí, pero detrás mío, sin afectar a mis decisiones, sin tener ningún peso en mi vida.

O al menos, eso es lo que me gustaría que sucediera.

el paseante said...

A mí también me ha gustado mucho este post.

Sé que no vas a leer este comentario hasta tu regreso. Por eso te cuento que si te caes al agua, aunque lleves salvavidas, siempre quedan los tiburones bajo tus pies :-)

Con esto sólo quiero decirte que en esta vida, si quieres tener miedo, siempre encontrarás mil motivos para sufrirlo.

marta said...

no vull tenir més por,no need
I respecte als taurons,ahir vaig baixar uns metres i nomes em vaig trobar uns peixets petits que no servien ni per fer un arroset ;)

Kialaya said...

Y qué es la vida sino un gran riesgo que tenemos todos que correr? Si no arriesgas, no ganas nada tampoco así que hay que tener la cantidad justo de miedo para no hacer cosas absurdas y peligrosas pero no el suficiente que te incapacite para vivir. Ánimo.

marta said...

gracias! creo que está bajo control ahora