La vida está llena de sorpresas, de casualidades mágicas que convierten pequeñas cosas en momentos realmente especiales, de esos que te dan la vida, que dic jo.
Todo empezó con un mensaje ansioso por mi parte para darle a Blanca su regalo de cumpleaños - y es que la paciencia, especialmente cuando a regalos se refiere, no es una de mis virtudes - que enlazó con una invitación a su fiesta de cumpleaños valenciana, aunque yo soy una amiga de Barcelona a la que no le tocaba ir a esa fiesta, y culminó con un fin de semana fantástico en su casa, en la capital del Turia.
Invitar a alguien a tu casa, a mi entender, es una muestra de cariño impagable. Estás permitiendo a alguien de fuera compartir tu espacio y tu más absoluta intimidad, eso que compartimos las personas cuando estamos en casa y que es limitado a un pequeño círculo de confianza. Así que cómo no sentirse honrado por ello?
Si le añades que no estoy pasando mi mejor momento, emocionalmente hablando, el regalo es doble y si además, esas personas no sólo comparten su espacio contigo, sino que te hacen sentirte parte de él como uno más, eso sí que no tiene precio.
Hace casi 12 años que somos amigas, hemos pasado de todo juntas y hemos superado millones de cosas, lo que hace, sin lugar a dudas, que las relaciones maduren y se enriquezcan, y nuestra amistad, a pesar de que por la edad debería ser una adolescente pueril e irascible, es una amistad adulta, madura y maravillosa. Y es que Blanquita es uno de esos grandes, y escasos, regalos que nos reserva la vida a cada uno y yo la adoro.
Durante estos 12 años el trato ha sido blanca-marta y su familia y la mía no han sido protagonistas activos de nuestra amistad. Había coincidido con ellos en entornos poco dados a la conversación: un tanatorio, un saludo a través de la ventana de un bar, o cruzarnos por la Diagonal...entornos imposibles, en definitiva! Pero su familia después de los años y los millones de conversaciones entre nosotras, han pasado a formar casi parte de la mía, es como si los conociera de siempre y cuando existe esa sensación y llega el momento físico de tenerlos delante y poder saludarlos, es algo realmente especial - y ese momento llegó el sábado por la mañana.
Ha sido un gran fin de semana, nos hemos reído, nos hemos abrazado, hemos bailado, hemos bebido, hemos descansado, nos hemos querido, y, además, hemos seguido alimentando nuestra amistad, lo que para mí, es el mejor de los regalos que, aunque era ella la que debía recibirlos porque es su cumpleaños, generosamente me ha dado.
Todo empezó con un mensaje ansioso por mi parte para darle a Blanca su regalo de cumpleaños - y es que la paciencia, especialmente cuando a regalos se refiere, no es una de mis virtudes - que enlazó con una invitación a su fiesta de cumpleaños valenciana, aunque yo soy una amiga de Barcelona a la que no le tocaba ir a esa fiesta, y culminó con un fin de semana fantástico en su casa, en la capital del Turia.
Invitar a alguien a tu casa, a mi entender, es una muestra de cariño impagable. Estás permitiendo a alguien de fuera compartir tu espacio y tu más absoluta intimidad, eso que compartimos las personas cuando estamos en casa y que es limitado a un pequeño círculo de confianza. Así que cómo no sentirse honrado por ello?
Si le añades que no estoy pasando mi mejor momento, emocionalmente hablando, el regalo es doble y si además, esas personas no sólo comparten su espacio contigo, sino que te hacen sentirte parte de él como uno más, eso sí que no tiene precio.
Hace casi 12 años que somos amigas, hemos pasado de todo juntas y hemos superado millones de cosas, lo que hace, sin lugar a dudas, que las relaciones maduren y se enriquezcan, y nuestra amistad, a pesar de que por la edad debería ser una adolescente pueril e irascible, es una amistad adulta, madura y maravillosa. Y es que Blanquita es uno de esos grandes, y escasos, regalos que nos reserva la vida a cada uno y yo la adoro.
Durante estos 12 años el trato ha sido blanca-marta y su familia y la mía no han sido protagonistas activos de nuestra amistad. Había coincidido con ellos en entornos poco dados a la conversación: un tanatorio, un saludo a través de la ventana de un bar, o cruzarnos por la Diagonal...entornos imposibles, en definitiva! Pero su familia después de los años y los millones de conversaciones entre nosotras, han pasado a formar casi parte de la mía, es como si los conociera de siempre y cuando existe esa sensación y llega el momento físico de tenerlos delante y poder saludarlos, es algo realmente especial - y ese momento llegó el sábado por la mañana.
Ha sido un gran fin de semana, nos hemos reído, nos hemos abrazado, hemos bailado, hemos bebido, hemos descansado, nos hemos querido, y, además, hemos seguido alimentando nuestra amistad, lo que para mí, es el mejor de los regalos que, aunque era ella la que debía recibirlos porque es su cumpleaños, generosamente me ha dado.
hoy es 12 de noviembre
¡muchísimas felicidadades, Blanca!
¡muchísimas felicidadades, Blanca!
9 comments:
He tenido la bondad de acordarme porque soy súpermono.
Pero también la felicito desde aquí: Felicidades Blanca!
yo he pensado que habias sido súpereducado ;)
gracias otra vez!
Kiss
súpermono? outlook mediante...
:-P
Súpereducado Y súpermono.
Outlook puede decir misa, pero yo recuerda.
súpermodesto también, sí...
La verdad es que si tienes una amiga de verdad, eso no tiene precio. Personalmente no tengo la suerte de poder decir que tengo muchos y buenos amigos. Es una lástima, pero algún día me gustaría tener al menos uno de verdad.
Bueno, Blanca, aunque no tengo el gusto de conocerte, permíteme que también te felicite por tu cumpleaños. ¡Qué cumplas muchos más!
Un saludo.
hackett4life - tengo la suerte de poder decir que no tengo muchos amigos, no muchísimos, pero los que tengo son increibles y muyyyy de verdad!
Coi, he entrat al teu blog i m'he trobat una bonica història d'amistat. M'ha agradat. Aniré llegint els posts que tinc pendents, si no et sap greu convidar-me a aquesta casa teva.
paseante, un honor tenir-te per aquí!
Post a Comment