Monday, 3 March 2008

Descontando pasos

Cada viernes me cuesta más coger el bolso y los zapatos a las 9 de la noche y poner rumbo a la ciudad condal para ir a clase. En casa se está calentita, el sofá y la manta de cuadros que me hizo mi madre para Navidad me miran con descaro, a la espalda llevo 5 días de intenso trabajo y me pesa todo. Cada viernes me cuesta más, pero cada viernes acabo yendo y una vez acabada la clase me alegro de haber estado allí.

Es una clase extraña, desparejada de origen y descoordinada desde sus principios. Somos gente de lo más distinta: el chico tímido de ojos preciosos, el que siempre está bailando en la sala de abajo, los que ya sabían algo, el que no sabía nada y nunca aprenderá, el que salta, el que se acerca demasiado, la que cuenta, las de los falafel y el agua y el que te lleva como si fueras una pluma y hubieras bailado salsa toda la vida. A pesar de lo extraño es una clase divertida.

A las 11 y cuarto del viernes, sintiéndome como Ginger Rogers, prometí ir a bailar el domingo. Yo, que he fallado todos los domingos desde que empezamos y esta vez, sin presión alguna por parte de ninguna de ellas, dicidí que allí estaría.

Ayer me costó menos coger el bolso y los zapatos, puede que porque fuera una hora antes o porque ya había tenido mi sesión de sofá y mantita, o porque el viernes me lo pasé en grande, o incluso puede ser que las de los falafel y el agua tengan razón y "mírala qué contenta viene".

3 comments:

el paseante said...

Deja la mantita y el sofá para cuando tengas una edad tremenda. Y baila, y ríe, y toma falafel.

marta said...

el paseante rappel - les del falafel i l'aigua som tres, i jo una d'elles ;)

Anonymous said...

Uix...no me quedo claro. Que tipo de baile, bailas?