Wednesday, 5 March 2008

Maratones condales

Ayer, después de 3 años, fui a ver a Miguel. Salí temprano de la oficina y me aventuré por las atestadas calles de la ciudad condal hacia Plaza Cataluña, que es donde él vive.

Barcelona está "ventosa" y eso hace que la ciudad y sus habitantes estén - estemos, en cierto modo, maratonianizados.

Vi, y es que el tráfico te da tiempo a observar muchas cosas, a unos niños corriendo tras un globo en María Cristina, a una chica con una falda preciosa corriendo hacia la Illa mientras el viento intentaba descubrir el color de su ropa interior, a unos agentes de viajes corriendo en la esquina de Diagonal Muntaner para alcanzar los catálogos promocionales que habían salido volando y a un grupo de jóvenes corriendo Rambla Cataluña abajo para llegar a tiempo a la sesión de Sweeney Todd del Club Coliseum.

Como el resto de la ciudad, ayer yo también corría. Corrí para salir a las 5 del despacho, corrí para no llegar tarde con aquel tráfico horroroso a mi cita en la plaza de las palomas, corrí para que no tuvieran que esperarme en la cena que tenía después de Miguel y corrí para irme a la cama, vistas las horas que eran cuando acabó la cena.

Hay que ver las prisas que impone el viento.

A pesar de saber que Miguel vive en Plaza Cataluña, el viento y el despiste me llevaron al mismo número de la Rambla Cataluña, situado a 20 metros del primero. El portero de la finca equivocada salió sin ninguna prisa (y es que a él no debe afectarle el viento) y muy amablemente a la calle para corregir el error de rumbo al que, por sus palabras, se enfrenta varias veces al día (al parecer yo era el número 14 del día de ayer...) y lo hizo de una forma que me hizo girar la cabeza dos veces en busca de la cámara oculta.

"Señorita, ¿ve usted el señor que está subido en lo alto de aquel edificio? Porque sepa usted que es un señor, ya que tiene una colita entre las piernas. Piense que si el señor del tejado orinara, su orín caería exactamente en la puerta de la finca a la que se dirige y usted quedaría pringada de arriba abajo...".

Suerte del viento, que se llevó mis carcajadas rápidamente y en silencio.

3 comments:

el paseante said...

Con ese viento, no sé yo si la orina de ese señor caería con tanta puntería en el sitio que pronosticó el portero. Te ha quedado un post muy divertido :-)

marta said...
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marta said...

También es cierto, creo que los orines del caballero en cuestión, con esa ventolera, tenían más números de acabar encima de los que alimentaban a las parrupas en el centro de la plaza :)