Hace ya casi 3 meses que trabajo en be y a pesar de que, para desgracia de S, no soy capaz de responder a preguntas absolutas, debo admitir que la valoración de mi primera etapa es realmente buena. Si soy feliz o no, o si realmente este trabajo ha supuesto un cambio en mi vida es demasiado complicado, pero puedo decir que hoy, en este momento, me siento feliz y profesionalmente hablando sí que he mejorado. No es un gran descubrimiento, lo sé, pero son preguntas demasiado complicadas para una persona que en el minuto 1 se siente Ellen Pompeo y 5 minutos más tarde es la niña de Shrek.
El primer mes de trabajar en be tenía la intranquilidad interior de pensar que podía haberme equivocado, que esto no iba a ser lo que pensaba y que en realidad, antes no estaba tan mal. Supongo que el hecho de comer con Sandra una vez por semana y saber que ella está bien, que le encanta lo que hace y que mi exjefe la trata de maravilla alimentaba esa sensación de inseguridad, me mostraba un oasis en el desierto y me hacía olvidar lo mal que lo había llegado a pasar en aquella oficina.
Viví con ese sentimiento varias semanas avergonzándome de mi nuevo posible error y con temor de compartirlo con alguien que me mirara con cara extraña o comentara que "cambio mucho de trabajo" o la casualidad de que "siempre haya tenido tan mala suerte en ellos". Era agobiante y me atormentaba, hasta que una noche soñé que le contaba a Enric que me iba para volver a mi anterior trabajo, que lo sentía mucho pero allí me esperaba el puesto de mis sueños y que me había precipitado al marcharme. Recuerdo haberme visto llorando a lágrima viva en el sueño mientras se lo estaba contando y esa mañana me desperté con una horrible sensación de angustia que me oprimía el pecho. En ese momento supe que había hecho lo correcto, el espejismo del oasis, como buen espejismo que era, se desvaneció, me relajé y seguí comiendo con Sandra como todos los lunes, si es que no tenemos alguna cosa que lo impida, como es el caso de esta semana.
Hoy jueves hemos comido juntas y Sandra no ha llegado sola, venía con 6 compañeros de trabajo, entre ellos Ramón y Joan, que se sentaban en el mismo departamento que yo, o yo en el mismo que ellos, porque en realidad ellos siguen en las mismas mesas, y a los que tengo muchísimo cariño. Me ha hecho una tremenda ilusión verlos y compartir una comida con ellos y me han hecho recordar los excelentes momentos que vivimos juntos y por qué ya no sigo allí. Por él.
El que cambia de opinión como el viento, el que disfruta humillando a las personas en público, el que me hizo llorar como nadie antes, al que le tienen que esconder que han comido conmigo para que no les coja manía por relacionarse con una paria como yo y el que, al mismo tiempo, día sí día también hace que Sandra me pregunte dónde dejé la carpeta tal o en que sitio guardé el plan de marketing 2007, aquel plan de marketing del que se rió abiertamente cuando se lo presenté.
Mientras recuerdo esas cosas levanto la vista de la pantalla y miro en diagonal hacia un despacho que ahora mismo está vacío, pero al que en unos minutos volverá Joan, uno de los motivos por los que hoy puedo decir que aquí soy feliz, y entonces me viene una sonrisa a la cara.
El primer mes de trabajar en be tenía la intranquilidad interior de pensar que podía haberme equivocado, que esto no iba a ser lo que pensaba y que en realidad, antes no estaba tan mal. Supongo que el hecho de comer con Sandra una vez por semana y saber que ella está bien, que le encanta lo que hace y que mi exjefe la trata de maravilla alimentaba esa sensación de inseguridad, me mostraba un oasis en el desierto y me hacía olvidar lo mal que lo había llegado a pasar en aquella oficina.
Viví con ese sentimiento varias semanas avergonzándome de mi nuevo posible error y con temor de compartirlo con alguien que me mirara con cara extraña o comentara que "cambio mucho de trabajo" o la casualidad de que "siempre haya tenido tan mala suerte en ellos". Era agobiante y me atormentaba, hasta que una noche soñé que le contaba a Enric que me iba para volver a mi anterior trabajo, que lo sentía mucho pero allí me esperaba el puesto de mis sueños y que me había precipitado al marcharme. Recuerdo haberme visto llorando a lágrima viva en el sueño mientras se lo estaba contando y esa mañana me desperté con una horrible sensación de angustia que me oprimía el pecho. En ese momento supe que había hecho lo correcto, el espejismo del oasis, como buen espejismo que era, se desvaneció, me relajé y seguí comiendo con Sandra como todos los lunes, si es que no tenemos alguna cosa que lo impida, como es el caso de esta semana.
Hoy jueves hemos comido juntas y Sandra no ha llegado sola, venía con 6 compañeros de trabajo, entre ellos Ramón y Joan, que se sentaban en el mismo departamento que yo, o yo en el mismo que ellos, porque en realidad ellos siguen en las mismas mesas, y a los que tengo muchísimo cariño. Me ha hecho una tremenda ilusión verlos y compartir una comida con ellos y me han hecho recordar los excelentes momentos que vivimos juntos y por qué ya no sigo allí. Por él.
El que cambia de opinión como el viento, el que disfruta humillando a las personas en público, el que me hizo llorar como nadie antes, al que le tienen que esconder que han comido conmigo para que no les coja manía por relacionarse con una paria como yo y el que, al mismo tiempo, día sí día también hace que Sandra me pregunte dónde dejé la carpeta tal o en que sitio guardé el plan de marketing 2007, aquel plan de marketing del que se rió abiertamente cuando se lo presenté.
Mientras recuerdo esas cosas levanto la vista de la pantalla y miro en diagonal hacia un despacho que ahora mismo está vacío, pero al que en unos minutos volverá Joan, uno de los motivos por los que hoy puedo decir que aquí soy feliz, y entonces me viene una sonrisa a la cara.
Quizás esta vez la suerte está de mi parte.
9 comments:
Yo sigo lanzando la "pregunta absoluta" al aire, eventualmente puedes ser capaz de responderla:
"¿Crees que con este último cambio de trabajo, en el global de tu vida, has progresado?"
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No sabes cómo me alegra que estés contenta en tu nueva empresa, precisamente hablábamos hoy con Gemma de lo importante que es tener un buen jefe que te motive cada día a ir a trabajar y a sentir una empresa que no es tuya a luchar por ella y meterle el tiempo que haga falta como si fuera tuya. Probablemente más, incluso y en algunos casos, que el propio jefe absoluto.
En ese sentido, kudos para Joan (y para Enric, por haberte fichado). Tienen mucha suerte de tenerte allí todo el día y trabajando :-)
No puedo generalizarlo, lo siento S.
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Es mérito de Joan, debo reconocer que si fuera por Enric probablemente a día de hoy estaría echando cv's en otros sitios.
A la pregunta de Sergi no sé porqué dices que no puedes responder, cuando se ve claramente que sí. Hablando del 'global de tu vida', está claro que sí has progresado.
No sé si cobrarás más, si el horario es mejor, o si tienes más o menos vacaciones. Tampoco sé si en tu escala laboral consideras este trabajo mejor o peor que el anterior, pero hablando contigo (y leyéndote) has progresado en el global de tu vida.
"aquí soy feliz, Joan"
Más claro, agua, ¿no crees?
Me alegro muchísimo por ti, Narteta :*
No Raül, eso no es así, porque profesionalmente he progresado, of course!, pero ese progreso me ha robado parte de mi vida personal, y por ahí he salido perdiendo.
No creo en las preguntas absolutas porque soy incapaz de obviar la información completa.
En lo que a Joan se refiere, es un tesoro si lo comparo con JP!!! está claro! (espero, una vez más, no tener que comerme estas palabras con patatas tarde o temprano)
¡Y además tienes un Mac! No lo olvides ;-)
Dos cosas:
La primera es que no creo que Raül no supiera lo que tu le has contestado antes de escribir su entrada, con lo que imagino que cree que has progresado a pesar de tu pérdida de vida personal. Es simple cuestión de prioridades, supongo.
La segunda es ya de por sí el título: síndrome de Estocolmo. Si no recuerdo mal, se trata de los síntomas de aquellas víctimas de secuestros o abusos que cooperan con sus captores por varios motivos, uno de ellos porque se identifican con su causa.
Sinceramente, preferiría raptarte yo xD
No sé porque resulta tan difícil de entender...
He progresado? Profesionalmente sí, claro! Personalmente, no, porque desde hace dos meses tengo poca, o ninguna, vida. Son cosas que mi mente no es capaz de juntar, lo siento, soy así.
Así que me es IMPOSIBLE responder a la pregunta: "¿Crees que con este último cambio de trabajo, en el global de tu vida, has progresado?" - No hay una respuesta global porque para mí, esa pregunta contiene 2 cuestiones, no sólo 1.
Te gustan las palomitas? Sí, me gustan las dulces, pero las saladas no.
Respecto al Síndrome de Estocolmo, el título, me refería a mi anterior empresa y al hecho de haber olvidado lo mal que me lo habían hecho pasar allí. En absoluto estaba hablando de be.
No me gusta tener que aclarar las cosas tantas veces, me agota siempre y en días, como hoy, que no puedo respirar, me agota más.
Planteároslo, soy así y no cambiaré porque no me entendáis :-P
Ah, ya capto lo del síndrome de estocolmo (falsamente referido muchas veces como síndrome de helsinki xP)
Marta said: "soy así y no cambiaré"
A quien le importa lo que yo diga, a quien le importa lo que yo haga, yo soy así, siempre lo seré, nunca cambiaré... xD
A parte de la altura tienes otras cosas en común con Olvido Gara xDDDD
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