Wednesday, 11 April 2007

Amores perros

Cuando lo vi la primera vez, supe que le querría toda la vida.

Nuestras miradas se cruzaron, me agaché a su lado y escondió su cabeza entre mis piernas implorándome que no escuchara aquellas voces que decían que no era lo que habíamos pedido. Lo que habíamos pedido? Aquella pequeña cosita superaba con creces todas mis expectativas!

Era un ser especial que se convirtió inmediatamente en una parte física de mí y, como tal, a partir de ese momento lo hicimos todo juntos. Durante los primeros meses superamos el miedo a caminar por la calle con paciencia y mucho cariño, decenas de veces subí las escaleras a gatas para que él viera que en el siguiente escalón no le esperaba nadie para hacerle daño y comí de su plato cuando estaba tan enfermo que no podía casi comer.

A cambio, él me lo dio todo. Me quiso sin condiciones, como quieren los perros, fue mi almohada, mi amigo peludo, el que me hacía reir, el que me sorprendía constantemente, el que se colaba en mi coche a la que veía la puerta abierta y el que aguantaba sin quejarse las mañanas de los domingos que yo no quería madrugar y salir a dar un paseo con él.

Ayer tarde al llegar a casa de mis padres, abrí la verja del jardín y me descubrí buscándolo, una vez más, con la mirada. Pero no estaba. El mes que viene hará tres años que un cobarde desaprensivo lo mató de la forma más repugnante del mundo, engañándolo, con comida envenenada, en su propia casa. Tres años que no han conseguido borrar ni uno solo de mis recuerdos. Tres años en los que mi subconsciente no ha podido asumir que Spock ya no está.

Dolor fantasma - sé que no está ahí, pero mi cuerpo siente el dolor porque nota su presencia, porque pasan los años y no puede, ni quiere, olvidarlo.

3 comments:

Motenai said...

Fue un gran perro.

Y algún día le vengaremos.

Anonymous said...

La verdad es que ya en frío las ganas de venganza se fueron, lo que nunca podré dejar de desearle son tres cosas: 1. Que sufra tanto como él en el momento de morir, que agonice durante horas ahogándose por el líquido de sus pulmones. 2. Que su familia no pueda despedirse de él, que muera solo, sin nadie que le quiera a su lado. 3. Que esa misma familia sufra y llore tanto como sufrimos y lloramos nosotros.

Sé que la vida es bastante hija de su madre, pero, por ingenuidad supongo, sigo creyendo en la justicia divina y a ese cobarde, el mundo, algún día lo pondrá en su sitio.

Motenai said...

Y así está escrito.