Hace unos años para localizar el centro de una ciudad o los monumentos turísticos que "no te podías perder" bastaba con 2 cosas, o localizabas el ayuntamiento, y ahí encontrabas el centro, o seguías a la marabunta, y ellos te acercaban hasta la misma puerta de los "must".
Con el tiempo, y después de que el Señor Ortega llevara a cabo su expansión internacional, el tema evolucionó, y al llegar a cualquier ciudad sólo necesitabas saber donde estaba el, o los, Zaras. Si Zara estaba allí es porque en los alrededores había algo. Y así sigue hasta hoy en día.
En el caso de París, como ciudad moderna, glamourosa y cosmopolita que es, han avanzado un paso más y para lozalizar cualquier objeto merecedor de ser visitado no necesitas preguntar, poco importa que encuentres o no el Zara (aunque siempre estará cerca) y la marabunta a seguir tampoco es requisito sine qua non, tan sólo necesitas a tu nariz y seguir la terrible peste a orines, AKA pipí, que desprende la Ciudad de la Luz. El metro, las calles, las esquinas de Notre Dame, las de la Opera, las de La Fayette, el RER, Montmartre...todo apesta!
Ayer iba en el metro volviendo de la Tour Eiffel y tras dos botellas de Evian mi vejiga estaba matándome y mientras rezaba para que llegáramos de una vez por todas al hotel pensaba: Haz el parisino, vete a una esquina y desahógate! Si los parisinos lo hacen es que debe ser lo más, no? Me reconforta haber descubierto en estos 4 días que el glamour sale mucho más barato de lo que pensaba y que, además, resulta mucho más nauseabundo.
Con el tiempo, y después de que el Señor Ortega llevara a cabo su expansión internacional, el tema evolucionó, y al llegar a cualquier ciudad sólo necesitabas saber donde estaba el, o los, Zaras. Si Zara estaba allí es porque en los alrededores había algo. Y así sigue hasta hoy en día.
En el caso de París, como ciudad moderna, glamourosa y cosmopolita que es, han avanzado un paso más y para lozalizar cualquier objeto merecedor de ser visitado no necesitas preguntar, poco importa que encuentres o no el Zara (aunque siempre estará cerca) y la marabunta a seguir tampoco es requisito sine qua non, tan sólo necesitas a tu nariz y seguir la terrible peste a orines, AKA pipí, que desprende la Ciudad de la Luz. El metro, las calles, las esquinas de Notre Dame, las de la Opera, las de La Fayette, el RER, Montmartre...todo apesta!
Ayer iba en el metro volviendo de la Tour Eiffel y tras dos botellas de Evian mi vejiga estaba matándome y mientras rezaba para que llegáramos de una vez por todas al hotel pensaba: Haz el parisino, vete a una esquina y desahógate! Si los parisinos lo hacen es que debe ser lo más, no? Me reconforta haber descubierto en estos 4 días que el glamour sale mucho más barato de lo que pensaba y que, además, resulta mucho más nauseabundo.
Tendré, como dice la canción de Sabina, que "volverme vulgar" y bajarme de los Jacobs?
4 comments:
Ah, mon amie! Como dice tu marido en su entrada: "Caga el Rei i caga el Papa, i de cagar ningún se n'escapa!".
Los parisinos son tan cerdos como cualquiera, pero han sabido vender muy bien su ciudad... "Paguídelafrans" huele tan mal como el Barri Gòtic un sábado por la mañana. :P
Sí, un par de veces sí que se olió ese magnífico olor a profundidades xD
Pero bueno, es la ventaja de tener un olfato altamente atrofiado. Lo que para otros es insoportable, para mí es... psché xD
Para mí, que noto cuando alguien cambia de crema o la sopa de calabacín de la vecina de abajo, ese olor ha sido una pesadilla! Qué asco, por dios, nunca había visto la ciudad tan sucia y tan descuidada
La próxima vez prueba con Starbucks, sólo se sitúan en barrios de prosperidad, y los americanos son limpios, aquestes coses les tenen.
Sobretodo, SOBRETODO, nunca te bajes de tus Jacobs, por dos razones:
1) Dejarías de ser Marta Jacobs.
2) El orín se te impregnaría en los pantalones.
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