Monday, 30 April 2007

La vie en rose

Lunes del puente del Día de Trabajo y yo currando. Somos 10 personas en la oficina, hace frío, tengo cero ganas de trabajar, mucho sueño y pensar que mañana es fiesta no me anima demasiado, la verdad.

Ayer nos acostamos demasiado tarde para mí, que necesito dormir 9 horas para estar bien al día siguiente, y demasiado pronto para S, que con 6 horas de sueño está como una rosa. Como él estava més despert que un gall, se puso a leer hasta que le diera el sueño y yo hice lo mismo, sabiendo a que mí nunca me daría el sueño leyendo, de hecho nada más lejos de la realidad, sabía que me desvelaría y no podría apagar la luz hasta que hubiera terminado el libro. Y eso fue lo que pasó, así que hoy estoy que me caigo por los rincones.

La lectura es una de mis grandes obsesiones, en petit comité admitiría que incluso por delante de los zapatos. Soy una bulímica de los libros. Cuando estaba en el colegio o en el instituto mi madre tenía que esconderme los libros en época de exámenes porque no podía dejarlos, había llegado a levantarme de madrugada para estudiar, ver que tenía un libro nuevo y dejar la carpeta de los apuntes en el más profundo de los olvidos para devorar aquel tesoro que tenía entre mis manos.

Tengo cientos de libros y todos ellos los he leído, como mínimo, un par de veces de forma completa y, los que más me han gustado, los releo por mis partes favoritas un par de veces más disfrutando cada una de las palabras que están en ellos. Me voy de vacaciones con un mínimo de 5 libros en la maleta sabiendo que no me durarán más de 2 semanas. Compro los libros “a peso” porque sé que una novela de 200 páginas encuadernada en tapa dura me va a durar los mismo que una encuadernada en rústica y, al ritmo que leo, pagar a 10€ la hora de diversión me parece excesivo. Es enfermizo, I know.

He leído de todos los géneros y estilos, desde El Quijote a Paulo Coelho pasando por Arturo Pérez Reverte, Vargas Llosa, Martín Gaite, Dan Brown, Marian Keyes o Danielle Steel. Ésta última es como la margarina, me encanta y me avergüenzo de ella, sus libros a pesar de que sé que son literatura facilona sin ningún mensaje ni profundidad, me permiten olvidar los problemas, me generan adicción y son mis perfectos compañeros de viaje. Entre las compras de cosas que necesitábamos para nuestro viaje de novios había cosas tan necesarias como Relec, para los mosquitos africanos asesinos, protección solar para que mi piel transparente no se cayera a trozos en medio de Masai Mara, decenas de carretes de fotos, medicamentos varios, que mai se sap, y unos diez libros de Daniell Steel.

Estuvieron meses en casa sin que los tocara, esperando el momento de subirme al avión con destino a Nairobi y empezar mi particular orgía de amores imposibles. Me duraron 10 días, nos acompañaron a Mauricio, igual que la ropa usada en el safari, pero yo ya los había absorbido, sólo les quedaba volver a casa y esperar en las estanterías de la biblioteca a que volviera a tirar de ellos, pero ya lo he dicho, son mis perfectos compañeros de viaje y a ellos no les importó que los dejara en The Residence porque tenía overbooking en las maletas y los pasajeros de primera, como los saris de seda y las figuras de ébano, tenían preferencia de embarque. Se quedaron en un armario del hotel entre libros en otros idiomas esperando a que algún día llegara otra huésped como yo, que hubiera agotado sus reservas de lectura en la primera parte de su viaje y a la que no le importara bajar a desayunar con un libro de Danielle Steel entre las manos ni untarse una tostada con margarina.

4 comments:

Raül said...

Dioooox, Danielle Steel xD

La obsesión por los libros la compartimos ;)

Anonymous said...

DS da un poquito de vergüenza, verdad? XD

Motenai said...

Vergüenza ninguna!

Gemma said...

A lo largo del diluvioso día de hoy esperamos entrada sobre la entrevista. Imprescindible publicar, además, el día y la hora de emisión.