Monday, 3 November 2008

Desconectada con cobertura

Después de poco más de tres meses, y tras una llamada de casi una hora con el servicio técnico, desde la casa de las manzanas me han confirmado la temida noticia: mi iphone ha muerto.

No sin batería, no se me ha caído, no lo he sumergido, no me lo han robado, no lo he perdido, no nada de nada, sólo se ha muerto. Estaba bien y al momento, ha dejado de estar.

Cuando llegó a mí decidí convertirme en un ser práctico, optimizar sus servicios y eliminar todos los aparatos existentes ya en mi vida y que realizaran funciones que el iphone aglutinaba dentro de él.

Sin ningún dolor en mi corazón, le dije adiós a la agenda de teléfonos, hasta ese momento siempre había llevado una agenda física paralela, a la agenda de eventos&cosas varias, y al sacar la antigua agenda de mi bolso el estado de mi espalda mejoró considerablemente, al despertador en la mesilla de noche, y de ese modo pude volver a dormir bien, a mi libreta+boli para ocurrencias e ideas, que me garantizó la anotación segura de las ideas ya que mis bolsos tienen la fea costumbre de alimentarse de mi bolis y nunca están cuando los necesitas, al tom tom, con lo que empecé a llegar sin problemas a los sitios ya que sólo tenía que ocuparme de cargar una batería (y nunca era la del tom tom), y a mi ordenador, porque chequear el correo desde cualquier sitio es algo a lo que todos nos acostumbramos en un momento.

Esta tarde he pasado 4 horas sin teléfono y durante ese tiempo he ido a una tienda movistar y a una apple, me he leído internet entero, o por lo que he tardado en hacerlo al menos habré leído el 90%, he tenido que buscar una cabina para llamar a la persona con la que había quedado para comer, he vuelto a casa, como alma que lleva el diablo y saltándome mi clase de spinning, para buscar un teléfono antiguo al que urgentemente ponerle la sim, fuera a ser que me tuviera que llamar Obama y yo no estuviera disponible..., me he leído el 10% restante de internet, he marcado en el calendario, físico y con boli, los días que tardarán en enviarme un iphone operativo, he informado a mis allegados de mi tremenda desgracia, y he criado un principio de úlcera de estómago vinculada directamente a un amago de crisis de ansiedad por el sentimiento de estar desconectada y sentirme al otro lado de la brecha digital.

La gente va a terapia por cosas menos importantes.

Saturday, 1 November 2008

Constelación familiar

Me han preguntado cientos de veces cómo pasó, cientos de veces he hecho un resumen de los acontecimientos y al finalizar siempre he dado la misma respuesta: No lo sé, y, cientos de veces equivalentes, he intentado recordar aquellos momentos vividos hace ya 4 años.

No sé como llegó a convertirse en una de las personas más importantes de mi vida, ella, la que durante mucho tiempo, tan mal me había hecho sentir. No sé en que momento cambiaron el guión de nuestra historia y se convirtió en lo que hoy es y no sé a quien debo dar las gracias por ello. Pero gracias.

Me tendió su mano en el momento en el que más la necesitaba, sin necesidad de respuestas ni explicaciones y hoy, que ya no es necesaria, esa mano sigue ahí.

Nunca pide nada para ella y es capaz de darte el mundo envuelto en un abrazo, me entiende mejor que muchos, me conoce mejor que la mayoría y, aún así, con mis millones de defectos, me quiere.

El cielo, mi cielo, no sería lo mismo sin esa Estrella.

Monday, 13 October 2008

Divorcio express

Yo era súper fan de la justicia vital. Tú haces A, siendo A siempre algo que no acaba de estar del todo bien, y la vida te responde con B, siendo B algo que no acaba de gustarte del todo. Y así, el mundo sigue girando y se mantiene el equilibrio.

A principios de verano hice una pequeña A, una pequeña mentirijilla sin importancia que tuve que emplear por razones más que justificadas y que ya no vienen al caso, y la vida, muy maja ella, me soltó un B en todos los morros, nunca mejor dicho, en forma de dolor de muelas en pleno mes de agosto en Mallorca, con el motor del dingui estropeado y sin medio de transporte terrestre.

Yo era súper fan de la justicia vital porque creo que en el fondo es como yo, no tiene medida, o por lo menos, en agosto no sabía de ella...

A pesar de los más que evidentes handicaps, quiso el señor de las barbas y la túnica blanca, que mi hermana mayor fuera una persona práctica y con recursos y localizara un dentista operativo a una distancia relativamente alcanzable.

Aquí es donde la justicia vital y yo rompimos nuestro compromiso, porque si hay algo que me aterrorice en este mundo es ir al dentista y, mucho más, cuando se trata de un dentista al que no conozco y que me mira con cara de susto al ver mi muela perjudicada mientras va resoplando sonoramente.

En ese momento recordé ser persona de malos principios y, ante el dolor que sentía, decidí descartar mi idea de salir corriendo, claudicar y dejar a aquella pobre doctora enfrentarse, con un cuidado y delicadeza exquisitos, a la serie de intentos de anestesia a la que el mundo nos iba a someter aquella mañana. Y digo bien, intentos, porque aquella muela no había quien la durmiera.

Una hora después, la única dentista con corazón que trabaja en agosto en Mallorca, me envió de vuelta al barco con una reparación temporal urgente, un cargamento de medicación, al que resulté ser alérgica, su teléfono móvil en mi agenda, porque al día siguiente era festivo, mi cara convertida en la del muñeco de michelín y un millón de disculpas por no haber podido hacer nada más.

Me pasé esa tarde en "martita's" lamentándome por mi mala suerte, sufriendo el que para mí, que viví cólicos biliaries durante un año entero, ha sido el peor dolor de este mundo, renegando de la justicia vital, y de San Pedro si es que llega a ponérseme a tiro, y esperando, sin pegar ojo en toda la noche, que llegara el siguiente amanecer.

Mi A había durado un día, por lo que, 24 horas más tarde, su B equivalente, tocaba a su fin. O eso pensaba yo... porque es cierto que finalmente pasé unas vacaciones estupendas sin acordarme de mi muela y los dolores que me había provocado, pero también es cierto que hoy, 2 meses después! por la misma razón!, he vuelto a sufrir el olor de esos productos que sólo los dentistas usan y me provocan mareos, la ansiedad de la espera sentada en esa silla de tortura mientras tu torturador se pasea por otras consultas, la humillación de estar media hora con la boca abierta mientras te meten dentro una mano armada con diferentes instrumentos que en mi pueblo utilizan para hacer chorizos, el sablazo económico final que te asestan una vez cerrada la boca "por haberte martirizado y tú haber consentido" y la vergüenza de que te llame una amiga al salir para invitarte a cenar y no poder hablar con ella porque la anestesia te ha vuelto una incontinente salival.

Yo era súper fan de la justicia vital.

Hace 2 meses que nos divorciamos.

Monday, 29 September 2008

Bolso salvavidas

"Avui mateix m'hi poso" contesté al meme de Rita. De eso hace 20 días y, evidentemente, no m'hi he posat. 20 días más tarde pido mil disculpas, vacío mi bolso negro sobre el sofá, desparramo todo su contenido y lo soluciono.

Como no entiendo de términos medios sólo uso dos tipos de bolsos: los shopping bag, en los que podría esconder un cachorro de tigre, y los bolsos de noche, con los que tengo que pelearme para conseguir meter el gloss, la visa y un kleenex sin que exploten los cierres.

El bolso negro, el del meme, es de los primeros y pesa como si realmente el cachorro de tigre estuviera ahí dentro. Matizar que el candado macizo que a la señora PG le ha dado por añadir en sus últimas colecciones, no sólo no ayuda a aligerar el peso de este bolso sino que colabora activamente en la campaña de destrozarme la espalda.

Al peso del candado aquí una servidora, y de forma completamente voluntaria, añade a diario:

_las gafas de ver.
_las maxi gafas de sol - con su maxi funda que casi parece otro bolso.
_el monedero tamaño XXL con poco dinero, muchas tarjetas y un montón de papelachos inútiles.
_1 ventolín - casi siempre caducado...
_1 botella de agua - a ésta le pasa como al ventolín.
_el iphone.
_el ipod nano verde del gimnasio con el transmisor para las bambas - a veces llevo el negro y sin el transmisor, y cuando llego al gimnasio me doy cuenta de que cargo ipod para nada.
_bolis varios - o ninguno...depende del día.
_1 mechero - que no sé de donde salió ni para que está ahí.
_1 paquete de kleenex.
_2 paquetes de chicles - ambos empezados.
_4 chupa chups de fresa - restos del concierto de aniversario de chupa chups del pasado viernes.
_unas llaves con una casa y un llamador de ángeles, que sigo creyendo que funciona, colgando de ellas.
_las llaves del coche.
_el mando del parking - tengo varios y los pierdo por todos sitios, así que siempre llevo uno en el bolso.

Hasta ahí, el peso y la cantidad de cosas que llevo es relativamente normal, mi momento freak es el neceser, porque mi neceser de shopping bag es más grande que todos mis bolsos de noche y en él caben todos los "por si acasos" posibles: contorno de ojos, gloss, hidratante labial, touche eclat, crema de día, cepillo y pasta de dientes, ibuprofeno, antihistamínicos, mini cepillo del pelo, lima de uñas, imperdibles, pinzas, gafas protectoras para el solarium, activador del bronceado para el mismo, tampax, un espejito, rimmel, sombra de ojos, polvos, toallitas desodorantes, colonia de día, colonia de noche, cepillito de uñas, brume fraîcheur, mini cepillo quita pelusas, gomas de pelo, horquillas y un par de memory sticks de 1 G.

Y es que nunca se sabe cuando se va a volver a casa, que plan va a surgir durante el día, ni en que situación te va a poner el mundo a prueba.

Por si acaso, por lo que pueda pasar, más vale ir preparada.

Cita a ciegas

Puse un pie en el arcén y saltó sobre mí, agarrándome con esos pequeños bracitos y gritando mi nombre con su voz aguda de niña pequeña. En ese momento mi compostura, bolso, gafas de sol y maleta de fin de semana, se fueron por los suelos y mi amor por ella me sacudío muy fuerte y llenó todo mi cuerpo.

Me ve poco, pensé para mí, pero me recuerda, que es mucho cuando hablamos de un pequeño ser de 3 años, y lo mejor, me quiere.

Cuando recuperé mis cosas de la mejor manera que pude y cargándola sobre mi cadera, nos acercamos a la responsable de que se acuerde de mí, la abracé y a muchos kilómetros de mi ciudad, con ella me sentí en casa. Tenía cara de cansancio, caminaba despacito y apenas podía agacharse. La razón de ello, esperaba tapadito en un cuco de color azul.

Lo miré, es monísimo, pero todos los bebés lo son, y a él no lo conocía y mis prejuicios decían que nunca iba a quererlo como a ella, porque ella lleva 3 años en mi vida, porque es mi sobrina, mi familia, porque es especial y porque, qué leches!, el amor no es infinito y el mío, cuando ella está involucrada, alcanza su límite.

El primer día ella, para gran placer por mi parte, absorbió todo mi tiempo, abrazos, siesta, cuentos, lavabos, ropa...soy su tía, y me quiere! Él esperaba.

El segundo día la novedad ya no era tal, la tía Marta pasó a formar parte de la vida cotidiana y él desde su cuco seguía esperando.

El tercer y cuarto día ese pequeño ser de aproximadamente 4 kilos se adueñó de mis brazos, me embriagó con su olor de bebé adorable, se durmió sobre mi pecho durante horas y desde su cuco azul me miró sonriendo.

Mientras acariciaba sus pequeñas piernecitas de xicotet, perquè és molt xicot encara que només tingui 3 setmanes!, Inma me miró y me preguntó acerca de mis prejuicios: A que ja l'estimes?.

¡Qué lista es! Sabía que iba a volver a enamorarme, y que sería uno de esos amores eternos que llenan tu vida de alegría y te demuestran que, para derrumbar a un prejuicio, sólo hace falta un balbuceo y que los supuestos límites finitos del amor, se rebasan con una caricia.


Es mi sobrino, se llama Fran.

Sunday, 28 September 2008

Verano dominical

7 meses. Puede que el calendario no esté de acuerdo conmigo, de hecho está claro que no es así, pero no me importa porque, cuando eres yo y vives mi vida, 7 meses es lo que dura el verano.

Con los primeros rayos de sol calentitos del mes de abril, inauguramos la estación y la alargamos hasta que sentimos que los rayos de sol están ya tan lejos que no pueden ni sonrojarnos la piel.

El verano, nuestro verano, tiene su liturgia y sus tradiciones: yo recojo a Anna, seguimos la carretera interior que nos lleva hasta la playa, aparcamos el coche y dirigimos nuestros pasos hacia el que probablemente sea el chiringuito más cutre de la zona, a tomarnos nuestro cortado con hielo. Desde la terraza y con nuestros vasos fríos en la mano, observamos como pasa el tiempo y como va cambiando la escena que se representa sobre la arena.

En abril no se ven biquinis, la gente camina cerca de la orilla, sin atreverse a tocar el agua, hay parejas que pasean con sus perros y juegan a lanzarles bolas imaginarias a lo lejos, que ellos persiguen una y otra vez, no hay sombrillas, ni alboroto, se oye el ruido de las olas rompiendo al tocar la arena, y estamos nosotras.

Mayo no es muy distinto, empieza a aflorar la ropa de baño, aunque aún quedan las camisetas, y las sandalias esperan tímidas en los armarios. En mayo hay pescadores que ocupan la primera línea y la gente sigue paseando, sus pies ya se acercan valientes hacia el mar, los colores de las toallas destacan sobre la arena, y estamos nosotras.

En junio llueve, hay años que sucede durante toda la semana, hay años que sólo sucede los domingos, nuestro día, y perdemos nuestro rincón de arena lamentándonos cada sábado por la noche mientras apuramos las últimas horas de la luna. No va a hacer sol, no quiero levantarme pronto, la playa estará vacía, y no estaremos nosotras.

Llega julio y con él los extraños. La playa se llena de gente, de ruido, de niños que corren alrededor de tus toallas llenándolo todo de incómoda arena. Sombrillas, millones de vueltas para poder aparcar, mesas ocupadas en nuestra terraza y aglomeraciones en la orilla mientras intentas tranquilamente dar un paseo. Están los invasores, y estamos nosotras.

En agosto abandonamos nuestra playa y ponemos rumbo a otras en las que, supuestamente, hay menos gente, menos ruido, un agua más azul y, sobretodo, mucha distancia con nuestra playa, y vida, real.

Cuando regresamos en septiembre a nuestra playa de ciudad, nos sigue encantando. A pesar de haber estado en auténticos paraisos y haber disfrutado muchísimo, nuestra playa sencilla, nuestras costumbres normales y nuestras tradiciones, nos alegran las sonrisas en los domingos de sol.

Hoy habían vuelto los perros, estaban los pescadores, ya no quedaban sombrillas y el sonido de las olas rompiendo en la orilla nos ha arrullado hasta quedarnos dormidas...

como nuestro verano.

Tuesday, 23 September 2008

Mi propia manzana

amazing

Sunday, 21 September 2008

Réquiem por un número

Cuando conocí a D todo cambió en mi vida. Estaba hasta el moño de U y, a pesar de que con él los dos últimos años fueron fantásticos, necesitaba más, la puerta se había abierto, pude ver a lo lejos algo de lo que había allí dentro, y lo quería para mí.

Los años que pasé con U fueron difíciles, llenos de confusión, de cambios, de incomprensión del mundo y de mí misma, de rabia en ocasiones, rebeldía en otras y constantes altibajos capaces de desequilibrar al más pintado. Sin embargo, D era todo lo contrario: sexy, libre, inteligente, divertido, fuerte, maduro.

D traía un olor a viento fresco y nuevas experiencias que me ponía los pelos de punta al pensarlo, con él parecía que todo lo que siempre había soñado se hacía realidad, y a pesar de que no fueron siempre risas y alegrías, D nunca me ha defraudado, siempre ha sido todo lo que prometía, y mucho más, y a su lado he compartido la última década de mi vida.

Hay quien piensa que los amores perfectos son aquellos que quedan incompletos, los que no podemos cerrar y dejamos con la pausa pulsada y un excelente sabor de boca. El romance con D, nuestro amor, ha sido perfecto en su conjunto: con sus llantos, su felicidad, sus fracasos, su éxitos, su tristeza y sus sorpresas y, lo que es mejor, sin rastro alguno de rencor o arrepentimiento.

Hemos pasado mil cosas y lo hemos hecho juntos, aprendiendo de ellas y sin pensar jamás en dar marcha atrás...pero como todo amor perfecto, tiene una fecha de caducidad, y para D y para mí, esta es la última noche que pasamos juntos.


Mañana he quedado con T...
creo que vamos a gustarnos.

Saturday, 6 September 2008

Manzanas de septiembre

Las 8 y media de la mañana de un sábado y yo delante del ordenador. He dormido poco, muy poco...nos acostamos tarde, las risas con mi hermana mayor, los programas del corazón que le sirven para desestresarse, y a mí me desvelan, y un capitán muy rubio, que sentía tumbado a los pies de la cama al alargar mis piernas, y que ha resultado ser un parlanchín nocturno en la lengua de Shakespeare.

Era tarde, mi casa es el claro reflejo de la hora que era ayer cuando decidimos dar por terminada la velada: la mesa sigue vestida, como si nos esperara con los restos del vino para desayunar, la cocina, si es que a algo tan pequeño se le puede llamar así, parece un campo de refugiados y yo descalza y despeinada camino entre los restos echándolos de menos ahora que se han ido.

Al salir del baño he visto mi reflejo en el espejo y he pensado que esa no era yo. La maniática obsesiva que saltaba del sofá al ver un pelo en el suelo o que no iba descalza porque se manchaban los pies (no sé cómo, pero se manchaban a pesar de tener el suelo más limpio del mundo...) y el sofá era blanco. La misma maniática obsesiva no puede estar paseándose por casa y escribiendo una entrada en el blog sin sentir en su cabeza retumbar los gritos de las gotas de agua que ayer cayeron en el suelo de la cocina mientras preparábamos uno de los mejores steak tartar de los últimos tiempos.

He vuelto al baño, me he vuelto a mirar en el espejo y esa cara me resulta familiar pero, a pesar de no llevar las gafas puestas y ver menos que pepe leche, me ha parecido intuir un tono diferente en la piel que nada tiene que ver con los efectos del verano, un brillo distinto en los ojos, que no se puede atribuir al ron porque ayer no fue el caso, y una serenidad en la expresión, que podría tener relación con otras cosas, pero esta mañana tampoco aplican.

La vida me pone a prueba a pocos días del cambio de década, y de estación, y en mi cajita de los pequeños tesoros decsubro cosas nuevas cada día.

¿Lo estaré haciendo bien? ¿Me estaré haciendo mayor?

Wednesday, 3 September 2008

Mariposas en el estómago

Te levantas una mañana, sigues la rutina de cada día, coges el coche, conduces hasta donde cristo perdió el gorro y todo es absolutamente normal. Absolutamente normal hasta que alguien te da una noticia que no esperabas y la normalidad se derrumba.

Nunca me había pasado, no sabía como reaccionar, me quedaba demasiado grande y me oprimía el pecho y entonces...

E me llama, y a pesar de que es la persona más ocupada del mundo, me llama un millón de veces, y se ocupa de la parte práctica de la situación. Me da ánimos, aporta soluciones y tranquiliza a mi entorno más próximo. La adoro.

J me llama, y a pesar de no estar en su mejor momento, me anima, me hace reir y me recuerda lo fantástica que soy y lo mucho que valgo. Lo adoro.

B me llama, y a pesar de que se va hoy de vacaciones, me ofrece su casa como escondite al que huir. La adoro.

I me llama, y a pesar de que a las 7 de la mañana de hoy ingresará en el hospital para traer a mi sobrino Fran al mundo, me anima, me apoya y me tranquiliza. La adoro.

Ma me llama, y a pesar de que vive a 600 kilómetros de distancia y estar viviendo unas malas semanas, me ofrece todo y la siento como si la tuviera a mi lado. La adoro.

Fe me llama, y a pesar de que es la persona más negativa del mundo, me enseña el lado positivo de la situación y a las 12 de la noche nos estamos riendo. Lo adoro.

Mi me llama, y a pesar de que llegó ayer de Bali y no se acuerda prácticamente de como se llama, me brinda su mano, sus contactos, su conocimiento y su ayuda y, ya que estamos, aprovechamos para poner al mundo de vuelta y media. La adoro.

A me llama, y a pesar de que a ella todo esto le queda muy lejos y su perspectiva es muy distinta, me apoya, sé que puedo contar con ella y sé que está ahí para mí. La adoro.

Ju no me llama, pero está con E cuando ella lo hace, y a pesar de que no tiene por qué hacerlo, me ofrece una salida real a la situación, durante el tiempo que yo quiera, de la forma que yo necesite. Lo adoro.

L me llama, y a pesar de que pueda parecer que no tiene ningún sentido por la situación en general, se preocupa por mí y me ofrece su apoyo para todo lo que necesite. Lo adoro.

Fr me llama, y a pesar de que nuestras circunstancias son las que son y él ya está en otras cosas, se queda hecho polvo, y sé que puedo contar con él. Lo adoro.

Y ella, la que más se preocupa porque soy parte de su piel, me llama, y a pesar de que está fuera porque la vida es muy dura y nos juega malas pasadas con las que no contamos, me da todo el apoyo del mundo, me llega al alma con sus palabras, me calma y me siento mecida entre sus brazos, como cuando era una niña. La adoro.

6 horas al teléfono, 6 millones de emociones, unos amigos que lo son todo para mí, y que, a pesar de repetirme, son mi familia y siempre están ahí cuando los necesito, sin tener que pedirlo siquiera.

¿Cómo sentirse mal cuando tienes ese apoyo? ¿Cómo estar triste rodeada de tanto amor? ¿Cómo sentirte perdida con tantas manos extendidas hacia ti? ¿Cómo no emocionarte al pensarlo? ¿Cómo no sentirte la persona más afortunada del mundo al sentirlo? ¿Cómo no saberte afortunada, sin importar nada más?

No recuerdo la sensación de estar enamorada,
pero lo que siento por ellos, estoy segura de que es infinitamente mejor.

Tuesday, 26 August 2008

Mismamente