Wednesday, 28 March 2007

Sin título pero en color

Hace unos años pasé una temporada bastante larga en Madrid y aproveché para disfrutar la oferta de museos de la ciudad. El Prado me encantó, era como estar dentro un libro de Historia del Arte, en sus paredes estaban aquellos cuadros que había visto cientos de veces al pasar páginas de libros y mirar postales. El legado de Velázquez, Goya, El Greco...todos allí, a sólo unos pasos de mí, testigos silenciosos de la historia y completamente ajenos a la sensación que en mí estaban causando. Paseé entre ellos durante todo un día y el buen recuerdo de aquellas horas me dura hasta día de hoy. Igual que me dura el del siguiente museo que visité, el Reina Sofía.

Con el buen sabor de boca que me dejó El Prado, me fui al día siguiente a la calle Santa Isabel, donde se encuentra el Centro de Arte Reina Sofía. Recuerdos de aquel día? Muchos y muy intensos. Encontrarme frente al Guernica cara a cara estando los dos solos en aquella galería fue impresionante, no creo que nunca lo olvide, pero tampoco olvidaré el resto de la visita ya que me marcó para siempre, haciéndome ver que lo que muchos llaman "Arte Moderno" o "Arte Conceptual" yo a partir de ese momento lo llamaría "Tomadura de Pelo", concepto que se mantiene 6 años más tarde. Al salir de allí me prometí a mí misma que no volvería a entrar en un museo de esa temática. Fiel a mi promesa el sábado estaba en el Guggenheim.

Entré a regañadientes porque sabía lo que me iba a encontrar: círculos y colorines enmarcados, que podría haberlos hecho mi sobrina, ante los que pseudo entendidos en arte comentan ostentosamente "los trazos, la fuerza de los mismos y la confluencia paradójica de distintas formas de visualidad " de cada cuadro. No comments.

El edificio exteriormente me atraía y valía la pena, así que fui dispuesta a disfrutar de la arquitectura sin mirar mucho hacia las paredes de las salas. El edificio no sólo no me decepcionó, sino que me encantó, Frank Gehry tuvo en cuenta un sinfín de pequeños detalles que dotan al Guggenheim de un carácter especial y lo convierten en la mejor de las obras de arte del Museo. Pero es que además de la construcción, me sorprendió gratamente descubrir la exposición de la Galería 104, donde se encuentra la obra, Torsiones Elípticas, de Richard Serra. Pasamos cerca de una hora explorando sus esculturas, leyendo sobre ellas y experimentando los cambios que provocan en cada persona. Y con la alegría de la sorpresa subimos a la tercera planta, a la exposición permanente de Palazuelo.

Aquí os dejo una muestra de lo que en esa tercera planta encontré:


Pues como ésta, 350 más, en todos los tamaños, formas y colores. Y de todos los colores me iba poniendo yo a medida que pasaba por las salas y veía que el panorama no cambiaba. Lo intenté, de verdad, pero fue imposible, todos aquellos cuadros no significaban nada para mí y en cierto modo sentía que insultaban mi sentido común, así que sólo quedaba una opción: marcharse.

Tras mi "Experiencia Palazuelana" me siento en la necesidad de rogar, desde estas letras de mi humilde blog, que si hay alguien que entienda la imagen que dejo colgada unas líneas más arriba como un ejemplo de Arte, de verdad, con mayúsculas, digno de ser admirado por el público y merecedor de la pared en la que está colgado, se ponga en contacto conmigo, porque creo que mi incultura al respecto de la combinación arte y modernidad me ha hecho volverme intolerante y un pelín talibán ideológica y a causa de esto, me estoy perdiendo algo que debe ser interesantísimo, por la efusividad con la que los "expertos" hablan de ello.

Mientras tanto, para evitar posibles ofensas, propias y ajenas, prometo II, no volver a poner un pie en ese tipo de museos. Y esta vez espero cumplirlo.

1 comment:

Motenai said...

A mi me gustó más lo de Richard Serra esta segunda vez que estuve en el museo, pero la obra del laboratorio me gustó más. Qué nivelazo el tío...