Monday, 12 November 2007

Mojitos con Perrier

La vida está llena de sorpresas, de casualidades mágicas que convierten pequeñas cosas en momentos realmente especiales, de esos que te dan la vida, que dic jo.

Todo empezó con un mensaje ansioso por mi parte para darle a Blanca su regalo de cumpleaños - y es que la paciencia, especialmente cuando a regalos se refiere, no es una de mis virtudes - que enlazó con una invitación a su fiesta de cumpleaños valenciana, aunque yo soy una amiga de Barcelona a la que no le tocaba ir a esa fiesta, y culminó con un fin de semana fantástico en su casa, en la capital del Turia.

Invitar a alguien a tu casa, a mi entender, es una muestra de cariño impagable. Estás permitiendo a alguien de fuera compartir tu espacio y tu más absoluta intimidad, eso que compartimos las personas cuando estamos en casa y que es limitado a un pequeño círculo de confianza. Así que cómo no sentirse honrado por ello?

Si le añades que no estoy pasando mi mejor momento, emocionalmente hablando, el regalo es doble y si además, esas personas no sólo comparten su espacio contigo, sino que te hacen sentirte parte de él como uno más, eso sí que no tiene precio.

Hace casi 12 años que somos amigas, hemos pasado de todo juntas y hemos superado millones de cosas, lo que hace, sin lugar a dudas, que las relaciones maduren y se enriquezcan, y nuestra amistad, a pesar de que por la edad debería ser una adolescente pueril e irascible, es una amistad adulta, madura y maravillosa. Y es que Blanquita es uno de esos grandes, y escasos, regalos que nos reserva la vida a cada uno y yo la adoro.

Durante estos 12 años el trato ha sido blanca-marta y su familia y la mía no han sido protagonistas activos de nuestra amistad. Había coincidido con ellos en entornos poco dados a la conversación: un tanatorio, un saludo a través de la ventana de un bar, o cruzarnos por la Diagonal...entornos imposibles, en definitiva! Pero su familia después de los años y los millones de conversaciones entre nosotras, han pasado a formar casi parte de la mía, es como si los conociera de siempre y cuando existe esa sensación y llega el momento físico de tenerlos delante y poder saludarlos, es algo realmente especial - y ese momento llegó el sábado por la mañana.

Ha sido un gran fin de semana, nos hemos reído, nos hemos abrazado, hemos bailado, hemos bebido, hemos descansado, nos hemos querido, y, además, hemos seguido alimentando nuestra amistad, lo que para mí, es el mejor de los regalos que, aunque era ella la que debía recibirlos porque es su cumpleaños, generosamente me ha dado.

hoy es 12 de noviembre
¡muchísimas felicidadades, Blanca!

Monday, 5 November 2007

Paseando a Miss Daisy

Vivir tan lejos del lugar en el que trabajo provoca que pase muchas horas a la semana en el coche. Me gusta conducir, me genera, aunque ya hayan pasado 10 años desde que me aceptaron en el club de los aptos para el carnet rosa, una sensación de independencia y libertad que es muy agradable y de la que disfruto muchísimo, pero eso no quita que también me encante que me lleven, que me paseen por la ciudad, o por donde sea, mientras que yo puedo dedicarme a mirar por la ventana y disfrutar del momento.

Las personas que no me conocen demasiado se sorprenden cuando les cedo las llaves de mi coche en el momento de ir juntos a algún sitio: los jueves como con Edu y no conduzco jamás, los viernes con Serra y Juanito y son ellos los que se turnan para conducir, la última vez que estuve en Ikea con Albert él llevó el coche de vuelta a casa, el miércoles estuve en Barcelona en una reunión y Joan fue el que estaba al volante y ayer al volver de Can Costa le cedí las llaves a Javier. Son muy distintos entre ellos, conducen de forma muy diferente pero a todos, sin excepción, se les quedó la misma cara la primera vez que puse las llaves del Golf en sus manos. Y es que entiendo que pueda resultar extraño, pero es que yo ya conduzco demasiado y confío en ellos - me llevaran sana y salva al sitio al que tengamos que ir.

Soy de confianza fácil al volante, pocas veces he hecho un trayecto en el que necesitara sujetarme al asiento y/o tomarme un antiácido, porque pocas veces me relaciono de forma tan directa, como es ir en coche, con alguien que no tenga demasiado sentido común. Pero para todo hay excepciones y ahí están los taxis.

Vivo en las afueras de la ciudad, con lo que no soy una gran clienta para los señores del coche negro y amarillo con la lechuga verde. Generalmente hago uso de ellos cuando necesito ir al aeropuerto a horas intempestivas de la mañana, en las que aún no me explico como es que las calles ya están puestas, y en el viaje contrario, que también suele ser a horas intempestivas de la noche, y durante el que, para mi sorpresa, las calles aún siguen ahí (qué eficiencia los señores de fomento con el montaje y desmontaje diario del asfalto).

Como soy mujer de costumbres hago siempre uso de la misma compañía. Yo sólo tengo que llamarles y ellos, hay que ver qué listos!, cuando ven mi teléfono ya saben quien soy, donde vivo, como pago y a donde suelo ir. Es perfecto, todo está bajo control y mi confianza intacta.

El tema cambia cuando llegas al aeropuerto de Ibiza en pleno mes de Julio a las 12 de la noche, tienes que desplazarte hasta la otra punta de la isla y el único medio de transporte viable es el taxi. Te encaminas a la cola de los taxis y te encomiendas a la suerte; primero para que no tengas que esperar una eternidad, después para encontrar uno en el que quepan las maletas con ropa para 3 semanas y, finalmente, para que el conductor tenga un nivel de sentido común aceptable que me permita mantener mi status de confianza cuando es otro el que lleva el volante.

No hubo colas, pero eran las 12 e Ibiza, así que no tiene mérito. Había espacio en el maletero, pero claro, era un monovolumen. Y no, no tenía sentido común.

Durante 30 minutos, que debe ser lo que se tarda en cruzar la isla entera, Estrella y una servidora fuimos dando bandazos en el asiento de atrás de aquel buen hombre (!) que conducía por aquellas carreteras de dios a 140 kilómetros por hora, cuando el límite marcaba 80 (!!), mientras bebía redbull (!!!) y con un volumen de música que no tenía nada que envidiar a la mejor de las discotecas de la isla (!!!!).

Tras pedirle en varias ocasiones que redujera la velocidad y él hiciera oídos sordos en todas ellas, llegamos a nuestro destino.

Nos dejó en la cala en la que, según él, atracaban los barcos, descargó nuestras maletas y desapareció. Al bajar a la cala Estrella y yo nos miramos, y el mismo pensamiento cruzó nuestras mentes...Esta es la cala en la que atracan los barcos?! Pero si existen auxiliares más grandes que aquellas barquitas de pescadores!!.

En realidad nuestro destino estaba 1200 metros más arriba, al final de una cuesta infinita que se eternizó bajo el peso de nuestras maletas. Por suerte, las maletas las conducíamos nosotras y sí, vamos bien servidas de sentido común.

Saturday, 3 November 2007

Las señales y el tiempo

A veces sentimos que la vida es un tren que vemos pasar y nunca damos alcance. Nos pasa de largo y desde dentro, a través de esas frías ventanas que tienen todos los trenes, nos observan caras de personas que, en muchas ocasiones, son las que dan sentido a nuestra vida.

Ellos pasan, los miramos, nos lamentamos y al momento, un resorte interior que no sé bien donde escondemos, nos saca de nuestros lamentos y nos lleva de vuelta al sitio en el que teníamos que estar porque nos esperan o porque teníamos algo que hacer o, sencillamente, porque es lo que nos toca.

Evidentemente, yo no soy una excepción. O no lo era.

Porque ahora, tengo la sensación de que, a pesar de todo, controlo el tiempo y de que o el tren de la vida, ese Talgo antiguo y que hace mil paradas, ha ralentizado su velocidad o de que yo, sin saber muy bien como, voy subida en algo distinto.

Es curioso, esta tarde volvía a casa por la autovía que transcurre junto a las nuevas vías que nos acercaran la "alta velocidad" a los barceloneses - vías que habitualmente están ocupadas por operarios que trabajan en ellas y por viejas máquinas de tren que transportan a esos operarios y sus herramientas - cuando he visto que un tren muy blanco, estilizado y con una nariz bastante particular, avanzaba por ellas.

- el AVE! - he exclamado.
- anda Marta, si la obra no está acabada! - me han contestado.

Iba lento, a una velocidad absurda, la misma velocidad que parece que es la que está caracterizando su llegada, pero era él (si es que se puede utilizar un él para un tren...). Y como soy de un egocentrismo absoluto cuando se trata ver señales dirigidas a mí donde no existen, he actuado como corresponde, y me la he hecho mía.

Ese tren me indica que llego a todo, que sí, que trabajo mucho y todas esas cosas, pero que a pesar de ello, estoy encontrando tiempo para todos, incluso para mí - cosa que estaba descuidando demasiado - y eso me hace tremendamente feliz porque me permite disfrutar de muchas cosas que el tren de la vida en muchas ocasiones nos niega y es que, no lo veis?, tengo asiento en el AVE!

¡Que para eso están las señales!

Sunday, 28 October 2007

Viejos espacios desconocidos

Qué fin de semana tan raro, ya es domingo por la noche y parece que era ayer por la tarde cuando al salir de la oficina les deseaba buen fin de semana a mis compañeros.

Un sábado de mudanza que me dejó los armarios y el corazón vacíos - nunca antes me había pesado tanto la puerta del piso como ayer en el momento en que cerraba al salir S por ella.

Creí que no iba a ser capaz de pasar una noche aquí, en mi casa, con esa nueva soledad que, después de casi 4 meses, ayer se instaló conmigo, pero tenía que hacerlo, y lo hice, aunque no sola, mi madre, mi tabla de salvación, llegó con su cepillo de dientes y su pijama dispuesta a pasar la noche conmigo y ayudarme en "ese" momento.

El domingo no ha sido mucho mejor, abrir armarios vacíos, empaquetar decenas de cosas de S que han ido apareciendo durante el día e invadir espacios que hasta ayer eran de él, para que los agujeros negros que en ellos se habían creado, no se me comieran.

Paso adelante - Paso atrás?

No lo sé, el tiempo lo dirá...o, por lo menos, eso espero.

Monday, 22 October 2007

417 - de feria en feria

Las ferias cuando trabajas en be se convierten en una experiencia caótica que te lleva del más absoluto de los agobios a la más fantástica de las sesiones de risas, con un intervalo de apenas 30 minutos entre ambas. Una vez más, así ha sido.

Desde que llegamos a Madrid el pasado martes, nuestras vidas, y por lo tanto la mía, han sido un no parar: de la feria al hotel, del hotel a las cenas, de las cenas a las copas, de las copas a la cama y tras unas pocas horas (muy pocas a decir verdad) volver a empezar.

Era una feria que me daba miedo, mi departamento flojea de personal y como "pá chula yo" en lugar de cumplir expediente o bajar el nivel de organización y eventos, cosa que se hubiera entendido perfectamente porque somos una persona menos, decidí elevar ambas cosas y complicarme la vida hasta cotas insospechadas: un catering diario excelente para el personal, un cocktail con magos profesionales para nuestros clientes, unos stands dos veces más grandes de lo habitual, organizar a 30 personas desplazadas a la capital y montar cenas con presupuestos ajustados en algunos de mis restaurantes preferidos de Madrid han sido algunas de las cosas con las que ha lidiado mi departamento.

¿Lo mejor?

Ha salido perfecto y a mi jefe y a una servidora nos han llovido los elogios por todas partes, ¡incluso desde la competencia!.

Llegaba el sábado a las 4am a casa y me metía en la cama con el cuerpo como si me hubiera pasado un mercancías por encima, mi nariz parecía un grifo abierto, las ojeras eran insalvables y la voz de camionero, pero la satisfacción de haber pasado una semana tan dura como fantástica, camionero o no, se reflejaba en la misma.

Creo que he superado algunas cosas, he aprendido de otras y he disfrutado de muchas. Es lo que tienen las ferias.

Y me encanta.

Monday, 15 October 2007

Bocatas de calamares


...hasta el lunes!

1974

El muret del passeig

Han pasado demasiadas cosas durante los últimos días y antes de irme a Madrid como todas ellas me parecen importantes, creo que se merecen, como poco, una lista que, evidentemente, nadie entenderá a no ser que fuera protagonista del momento.


_qué haría yo sin el pseudo mármol de la cocina.
_perfect timing* para no reproducir películas.
_hay despertares que te dan la vida.
_quiero hacer todas las siestas en la alfombra.
_deberían recetar fransola bien frío.
_home sweet home, a cualquier hora y sin avisar.
_qué alegría ver a pingu en el recibidor.

*edito timming - así S me deja de chinchar

Tuesday, 9 October 2007

Demasiado pronto

Si tuviera que hacer una lista con mis Ellos, como la tengo con mis Ellas, Albert, Felipe, Joel y Sergio serían sus grandes integrantes. Igual que Ellas, Ellos también llevan muchos años en mi vida, los conozco, y me conocen, muy bien, los veo muchos menos de lo que quisiera y aunque la relación, supongo que por un tema sencillamente de género, es diferente de la que tengo con las niñas, los adoro.

Al que más abandonado tengo es a Albert, así que cuando ayer estando en urgencias, a causa de mi pierna lesionada, vi una llamada perdida suya, me entró una gran alegría. Llevábamos cruzando llamadas y citas anuladas en las agendas varias semanas - por qué no un café imprevisto en lunes, pensé para mí. Le mandé un sms diciéndole donde estaba y que le llamaría más tarde cuando el traumatólogo hubiera acabado conmigo.

Al momento recibí respuesta, probablemente el mensaje con el contenido más doloroso y desconcertante que he recibido nunca, y que espero, utópicamente, no volver a recibir jamás: "Mary se fue para siempre ayer por la mañana. Mañana se celebrará un responso a las 12 y la enterraremos después".

Empecé a temblar, se me puso la carne de gallina y sin importarme el lugar ni las personas que allí esperaban, le llamé. Sin éxito, Albert no contestaba.

Mary. Su mujer. Tenía mi edad. Con un bebé, Teo, de 3 meses...era demasiado doloroso para ser verdad.

Pero lo era.

Nos cruzamos llamadas, no conseguimos localizarnos y cuando casi a las 9 de la noche iba por la autopista camino de casa me di cuenta de que necesitaba verlo, justo en ese instante, necesitaba decirle lo que, a pesar de haberlo intentado, no pude expresar en un frío mensaje de texto. Que le quería, que lo quiero, que lo sentía y lo siento en el alma y que allí estaba, y seguiré estando, para lo que él quiera. Me salté mi desvío de la autopista y fui al tanatorio.

Esperé fuera de la sala de vela para no molestarle, para dejarlos solos el poco tiempo que les quedaba, hasta que él salió. Al salir se acercó a mí y nos abrazamos. No sé cuanto rato estuvimos abrazados, sólo sé que no veía a nadie de las decenas de personas que nos rodeaban, sentía su llanto en todo mi cuerpo y sólo podía abrazarlo muy fuerte, como si pudiera llevármelo de aquel lugar, alejarlo de aquella situación, como si pudiera despertarlo y que nada hubiera cambiado - llevarlo de vuelta al domingo por la mañana, en el momento en que ella se levantaba tranquilamente, como cada día, para amamantar a su bebé, y lo hiciera sin problemas, y que ambos siguieran con los planes de un domingo cualquiera, con el corazón de Mary aún latiendo.

Pero no pude, sólo tenía mi abrazo, mis lágrimas y mi amor por él, y eso no era suficiente para traerla de vuelta.

Podría hacer una reflexión acerca de lo efímeros que son nuestros días, de lo poco que los aprovechamos y de lo injusto de la vida, podría, pero no voy a hacerlo, lo siento demasiado para ponerme a reflexionar

Sunday, 7 October 2007

Postura recta, vista al frente

Domingo. 18.46. Online.
(y no por ocio, sino porque mientras escribo estas líneas aprovecho para que se vaya descargando el correo de la oficina.)

La otra mitad del departamentos nos abandonó hace unos días, justo 15 antes de la inauguración de nuestra feria nacional más importante, en la que hacemos un despliegue de medios que a muchas empresas les gustaría poder organizar, y que supone una carga de trabajo adicional que ha provocado que durante las dos últimas semanas mis jornadas de trabajo hayan sido de 12 a 13 horas: he llegado a la oficina antes que nadie y al salir prácticamente era yo quien apagaba las luces. Y lo que me queda!

Que os hable de lanzamientos de nuevas webs, o de gestores de contenidos online, o de colección de displays 2008 o de presentación de nueva tarifa con descuentos de clientes estandarizados, puede que no signifique nada para vosotros, en realidad para mí tampoco es que tenga mucho significado, además de ser mi profesión y una de las cosas que me apasionan en la vida, sólo significan muchas horas de trabajo.

Durante estos días mi calendario no entiende de semanas, mi reloj no sabe de horas y mi cuerpo, a pesar de la rotura fibrilar de mi gemelo izquierdo, no comprende lo que significa parar - sólo sé que a consecuencia de este último voy a a tener que bajarme de los tacones por unos días, pero..., quién dice que no se puede estar fantástica con Converse, bailarinas o unas Bikkembergs doradas? ;)

Tengo un deadline a la vista, está cada día más cercano y todavía me quedan millones de cosas por hacer, a pesar de todo, sé que el día 16 por la noche, cuando esté haciendo la maleta para pasar la semana en Madrid, estaré preparada para enfrentarme a todo y sé que lo que durante semanas he estado preparando, saldrá bien.

Cuando él me pregunte antes del gran momento: ¿Cómo lo tenemos todo? - ¿Cómo estás?, le contestaré que todo está bien, bajo control, y yo perfecta, y no estaré mintiéndole, eso es lo que se espera de mí, yo la primera, y no es mi estilo decepcionar a nadie.

Saturday, 6 October 2007

Fiesta de pijamas

El 8 de octubre es el cumpleaños de Andrea, mi ahijada, una niña monísima, tímida, educada y súper prudente a la que, para mi vergüenza, no veo más que en dos ocasiones al año: unas horas en su fiesta de cumple y en la comida de Navidad con la familia. Hoy me toca cumplir con la primera.

Se hace mayor, este año ya caen 11, y yo no estoy ni acostumbrada a tratar con niños de su edad ni con sus necesidades, con lo que el momento elegir regalo se me hace cada año más cuesta arriba. Fue fácil mientras se volvía loca con la caja que contenía un Mickey que gateaba, gracias Mattel por pensar en ese pedazo de cartón!, o cuando a los 6 años me pidió un jersei de aquellos con una bandera con barras y estrellas como el que llevaba X personaje por la tele, localizar al señor Ralph Lauren en el Corte Inglés fue bastante sencillo, o incluso cuando empezó a aficionarse a los videojuegos, ahí estaba S para echarme un cable sabiendo del tema más que nadie en este mundo y fascinando a Andrea en el momento en el que le dábamos el regalo y él le enseñaba a jugar. ¡Qué momentazo!

Hace exactamente un año, dándole vueltas a lo que podía hacer con su regalo y considerando las diferentes variables: niña, en esa edad que empieza a ser complicada y a la que no dedico nada de tiempo, a pesar de ser su madrina, opté por una solución distinta. Como si de una de mis 4 princess se tratara, Andrea y yo íbamos a hacer un mano a mano de compras. Y así lo hicimos, y el resultado fue muchísimo mejor de lo esperado! Recorrimos varias tiendas, nos probamos zapatos, faldas, pantalones y bufandas, compramos de todo y acabamos de tapas en la terraza del Turó, porque nosotras lo valemos!.

Y como las buenas costumbres no es sano perderlas, este año he optado por hacer lo mismo, con una pequeña diferencia, que es la que hace que mientras yo escribo en el sofá del salón, ella esté durmiendo arriba.

El plan era recogerla en casa de mi primo Pedro al salir del despacho, ella estaría jugando con Alex, mi otro sobrino (al que aún veo menos, si es que eso es posible) y llevármela a casa a cenar. De acuerdo al plan, salí de be a una hora prudente y fui a buscarla. Al llegar estaban tan monos los dos jugando con el ordenador y riéndose de cosas que sólo ellos entienden, que fui incapaz de separarlos, así que a los 10 minutos tenía en mi coche 2 bolsas de fin de semana y dos niños de 10 y 11 años con los cinturones abrochados y dispuestos a pasar un fin de semana bastante distinto, conmigo.

Sólo establecí una norma antes de poner rumbo a casa: Este fin de semana se hace lo que vosotros queráis. ¡Todavía oigo las carcajadas!.

10 y 11 años, viernes por la noche, libres de mamá y papá? Empezamos! Cena en el Pans, primeras risas y confesiones. Última sesión de cine, siguen las risas e incorporamos las chuches. Y llega la hora de darse una ducha, lavarse los dientes e irse a dormir, y esos dos monstruitos deciden que no quieren dormir solos y que mi cama es demasiado grande para mí, con lo que, como si de dos lagartijas se tratara, se escurren dentro de ella antes de que yo me dé ni cuenta. Horas más tarde, allí siguen.

Es sábado, hace sol, me he levantado temprano, a pesar de que me estuvieron explicando cosas del tipo "Marta, no se las puedes contar a nadie, eh, que esto son secretos!!", hasta las 2 de la mañana y me espera un buen día por delante. En una hora los despertaré comiéndomelos a besos y haciéndoles cosquillas, les haré el desayuno, dejaré a Alex con mi padre para que hagan cosas de chicos y me llevaré a Andrea a Barcelonear.

Se ha hecho mayor, creo que este año ya podemos ir a las mismas tiendas!